Los Obispos del Perú llaman a vivir las elecciones de 2026 con discernimiento y responsabilidad cívica
Ante el próximo proceso electoral y los desafíos que afronta el país por las tensiones políticas y profundas desigualdades sociales, el Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal Peruana dirigió un mensaje al pueblo peruano en el que invita a la ciudadanía a vivir las elecciones de 2026 con responsabilidad ética, discernimiento y compromiso con el bien común.
En el documento, los Obispos del Perú advierten sobre la fragmentación social, la polarización política, la desconfianza hacia las instituciones y las persistentes brechas sociales que afectan al país. Ante este contexto, señalan la necesidad de promover una política entendida como servicio, orientada al bienestar de toda la sociedad, especialmente de las personas en situación de mayor vulnerabilidad.
Asimismo, exhortan a los ciudadanos a ejercer un voto informado, consciente y responsable, evaluando la integridad moral, la trayectoria ética y las propuestas de quienes aspiran a gobernar el país. El mensaje también subraya la importancia de fortalecer la institucionalidad democrática, promover la justicia social y avanzar en un camino de reconciliación nacional.
El pronunciamiento, inspirado en la enseñanza social de la Iglesia, recuerda que la construcción del bien común exige diálogo, respeto a la dignidad humana y compromiso con los más pobres.
A continuación, compartimos el texto completo del mensaje.
MENSAJE AL PUEBLO PERUANO
Ante el proceso electoral y los desafíos de nuestra vida nacional
“Una mejor política puesta al servicio del verdadero bien común” (FT 154).
Los Obispos del Perú, fieles a la misión que Cristo nos ha confiado, nos dirigimos al pueblo peruano con responsabilidad pastoral y conciencia histórica. En este momento significativo para la vida democrática del país, queremos compartir una reflexión que ayude a generar cambios en la situación que vivimos como nación y a orientar, con responsabilidad ética, la participación ciudadana en los procesos electorales del año 2026.
Una mirada a la realidad actual
1. Nos preocupa la profunda fragmentación social que atraviesa nuestro país. La polarización política, la desconfianza hacia las instituciones, el uso del poder por intereses particulares, la inestabilidad política que obstaculiza el desarrollo de políticas serias, las brechas sociales cada vez mayores y el debilitamiento del tejido comunitario generan un clima de confrontación que impide la construcción de consensos indispensables para lograr una verdadera democracia y amenaza la cohesión nacional, pues dificulta que entre peruanos se establezcan diálogos “que se orienten eficazmente a sanar las raíces profundas —y no solo las apariencias— de los males de nuestro mundo” (Papa León XIV, Dilexi Te, DT 91).
2. Nuestra historia reciente ha dejado heridas profundas marcadas por la violencia, la corrupción y la pérdida de confianza en la política y en los políticos. Estas heridas continúan alimentando el desencanto ciudadano, aumentan la pobreza y la postergación de los pueblos y erosionan la credibilidad de las instituciones que por su finalidad están llamadas a servir al bien común, “desarrollando políticas eficaces para transformar la sociedad”, como señala el Papa León XIV (DT 97).
3. Nos preocupa también el avance del individualismo materialista, que privilegia intereses particulares y mezquinos por encima del bienestar colectivo (Cf. Papa Francisco, Fratelli Tutti, FT 166). Cuando el bien común se debilita, se resiente la convivencia social y se profundizan las desigualdades, haciendo más frágil la paz social.
4. La persistencia de profundas brechas sociales, económicas y territoriales, donde muchas personas continúan viviendo en condiciones de pobreza, exclusión y falta de oportunidades, no se comprende en un país privilegiado por su riqueza natural y pluricultural, por su diversidad multiétnica y por la generosidad y solidaridad de su gente. Esto interpela nuestra conciencia nacional.
Elecciones con discernimiento y compromiso
5. Mirando este contexto, exhortamos a que el proceso electoral sea vivido como un momento de discernimiento ético y responsabilidad ciudadana. Más que una simple contienda política, las elecciones deben ser una oportunidad para reflexionar sobre el país que queremos construir y la convivencia democrática que deseamos promover. De ahí la necesidad de que el voto sea informado, consciente y responsable.
6. Invitamos a los ciudadanos a evaluar si la integridad moral, la trayectoria ética y las propuestas de quienes aspiran a gobernar el país están verdaderamente orientadas al bien común. La política, entendida como servicio, debe buscar el bienestar de toda la sociedad, especialmente de quienes viven en condiciones de mayor vulnerabilidad. 7. Nuestro país necesita autoridades caracterizadas por la honestidad, la transparencia y la coherencia entre sus palabras y sus acciones, capaces de ejercer el poder con responsabilidad, competencia y auténtico espíritu de servicio.
8. Una democracia auténtica exige el respeto al Estado de Derecho, a las instituciones y a la participación ciudadana. En esta misma perspectiva, es importante valorar el compromiso de los candidatos con la defensa de la dignidad humana, la protección de los derechos de las personas, la seguridad ciudadana, la inclusión social y el respeto a la diversidad cultural de nuestro
país.
9. Inspirados por la enseñanza de la encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco, invitamos a considerar también como criterios éticos esenciales para el discernimiento del voto: la opción preferencial por los pobres, el cuidado responsable de la casa común, la ética del cuidado del otro y la promoción de una cultura del encuentro basada en la escucha sinodal, como condición para el diálogo, la fraternidad y la búsqueda de consensos para el bien del país. Una mirada hacia el futuro.
10. El Perú necesita fortalecer su institucionalidad democrática y contar con autoridades conscientes de que gobernar es servir. Urge promover un modelo de desarrollo que articule crecimiento económico con justicia social y con la dignidad humana, impulsando una economía al servicio de las personas, especialmente de los más pobres. “Es preciso seguir defendiendo la dignidad de cada persona humana, que debe ser respetada ahora, no mañana” (cf. DT 92), asegurando para el futuro políticas de Estado en favor de la educación, la salud, el empleo y la lucha contra la corrupción.
11. La reconciliación nacional constituye un desafío ineludible. Solo mediante el reconocimiento de nuestras heridas, la búsqueda de la verdad, la justicia y el perdón social podremos reconstruir la confianza entre los ciudadanos y abrir caminos de convivencia pacífica.
12. Miramos el futuro con esperanza. Nuestro país posee una profunda reserva moral expresada en la resiliencia de sus comunidades, la solidaridad y en el compromiso silencioso de muchos ciudadanos que trabajan diariamente por el bien común. Esa fuerza interior puede sostener la construcción de un Perú más justo, fraterno y democrático para todos.
La Iglesia, que continúa formando parte de la historia de nuestro Perú, reafirma su compromiso de seguir acompañando a nuestro pueblo en la búsqueda de un verdadero desarrollo humano integral. Y por eso nos invita a preguntarnos: ¿Qué queremos dejar para las futuras generaciones?
Nos anima el Papa León XIV: “Estoy cerca del querido pueblo del Perú en este momento de transición política. Rezo para que el Perú pueda continuar en el camino de la reconciliación, del diálogo y de la unidad nacional” (Ángelus, 12 de octubre de 2025). Con el Papa, hoy convocamos a nuestro Perú a la unidad, la fraternidad y la paz.
Que Dios, por intercesión de San José, Patrono del Perú, de Santo Toribio de Mogrovejo y de todos los santos peruanos, acompañe a nuestro pueblo y nos conceda la gracia de construir un Perú reconciliado, pacificado y sostenido por la esperanza.
Lima, 15 de marzo de 2026