jueves , diciembre 1 2022

Nuestro Ideal Diocesano

NUESTRO IDEAL DIOCESANO

El pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Tacna y Moquegua: Obispo, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos son una Iglesia organizada en comunidad de comunidades, dinámica, viva, toda ministerial, evangelizada y evangelizadora; que ha alcanzado la santidad personal y comunitaria, transformando con la fuerza del Evangelio la cultura de la sociedad, acrecentando la unidad del reino de Dios para la salvación universal.

 

SÍNODO DIOCESANO

“Bautizados y enviados a predicar la Buena Nueva del Reino”

 

LEMA DEL AÑO 2022
Jesús nos dice:
«¿Qué es lo que vienen conversando por el camino?» (Lc. 24,17)

 

META 2022

«Para fines del año 2022 la Iglesia de Tacna y Moquegua ha empezado mediante nuestro Sínodo Diocesano, a caminar como Pueblo de Dios; acompañándonos, escuchándonos, consolándonos y animándonos con el espíritu de Cristo que mantiene
viva nuestra esperanza».

 JUSTIFICACIÓN

Hoy el mundo sigue siendo azotado por la pandemia del COVID- 19. Llevamos ya dos años, sufriendo este flagelo, la crisis sanitaria y otras crisis nos dejan mucha tristeza por la muerte de nuestros seres queridos, por la situación de pobreza, desempleo y cierre de negocios, etc.

También estamos decepcionados de personas, instituciones de salud, del gobierno, dirigentes y empresas privadas porque no han sabido responder convenientemente ante esta crisis. También hay decepción de los políticos, de los que nos gobiernan, incluso por algunas situaciones de nuestra Iglesia.

Son muchos los que se han encerrado por miedo, están deprimidos. Se sienten muy cansados, el corazón todavía sangra y
llora; pero también hay muchas personas que se están sobreponiendo a todo ello, han surgido personas e instituciones que han mostrado solidaridad, cercanía y fortaleza.

Pero hoy también, la pandemia nos genera incertidumbre, ya que no sabemos qué sigue ahora, si nos volveremos a contagiar o no, las vacunas son la solución más razonable, pero no es suficiente para superar definitivamente esta pandemia y no sabemos cómo ni cuándo vamos a salir de toda esta situación. Todo ello nos genera inestabilidad, desconfianza y preocupación constante. Hay mucho dolor y sufrimiento en el corazón de las familias de cada uno.

Tenemos que caminar en comunidad, juntos con Jesús para apoyarnos mutuamente, porque es el deseo de Cristo. Durante este
año continuaremos centrándonos en la persona de Cristo, profundizaremos sus actitudes frente a las dificultades que viven las
personas: compasión y misericordia. Para este año nos acompañará el texto de Lucas 24, 13-35: Jesús camina con los discípulos de Emaús. Jesús se hace el encontradizo para acercarse a nosotros. Él viene a acompañarnos, a caminar junto a nosotros, Él viene a escucharnos, por eso nos pregunta: «¿Qué vienen conversando por el camino?»; Jesús viene a consolarnos, a darnos esperanza, nos ilumina con su Palabra y con su estilo de vida.

Seamos caritativos y generosos cuando veamos que el otro está necesitado. Como una verdadera comunidad fraterna dejemos que Jesús nos acompañe a todos como hermanos, que lo descubramos en la fracción del pan y que nos genere alegría y esperanza para volver a anunciarlo, con mayor impulso y nuevo ardor, acogiendo lo nuevo que nos trae esta nueva etapa de la vida y asumiendo los nuevos retos. También estamos iniciando el Sínodo Diocesano unido al Sínodo eclesial. Con este Sínodo la Iglesia nos hace un llamado a caminar juntos, a sabernos escuchar para escuchar a Dios y sobre todo para discernir y hacer la voluntad de Dios; asumir un compromiso no sólo personal, sino como Iglesia en comunión, en participación y en misión. Ya estamos en camino no como poseedores, sino como  buscadores de Dios.

Ante la tristeza, la Iglesia tiene que transmitir consuelo y la alegría que viene del Señor y esto es fruto del espíritu; ante la decepción, la Iglesia tiene que buscar nuevas alternativas, tiene que formar a personas comprometidas con su pueblo o comunidad y no líderes solitarios; y ante la incertidumbre, la Iglesia tiene que transmitir y ser signo de esperanza.

Que este plan pastoral nos ayude a fortalecer o crear las estructuras pastorales que faltan en nuestras parroquias; sin estas estructuras será difícil poder llegar a los que no vienen y sobre todo acompañarlos, escucharlos y consolarlos hacia la santidad personal y comunitaria que como pueblo estamos llamados.

  • Textos bíblicos complementarios:
    • «Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice tu Dios» (Is. 40, 1-5).
    • «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la Buena Noticia» (Lc. 4,16-21).

DESAFÍOS PASTORALES  2022
1. Si continuamos sumidos en sentimientos de tristeza, de decepción y de incertidumbre, no podremos superar la crisis en nuestra comunidad; para ello nuestra Iglesia necesita de una acción pastoral que promueva el encuentro, la escucha, el
acompañamiento y la solidaridad.

2. Si reducimos nuestra pastoral sólo a lo virtual, no será posible construir una comunidad auténticamente cristiana que descubre a un Cristo real en las personas; porque la Iglesia como comunidad creyente crece y se santifica en el encuentro personal y comunitario.

3. Si continúa la falta de compromiso de los agentes pastorales y de la comunidad parroquial, no será posible trabajar en una pastoral participativa, organizada y comunitaria; porque nuestra acción pastoral debe favorecer a ser una Iglesia servidora y misionera que vive la fraternidad y la comunión.

4. Si continuamos con una actitud individualista que se manifiesta en la falta de unidad de criterios, toma de decisiones no muy
acertadas; no será posible un discernimiento comunitario para el bien de nuestra diócesis, porque la acción pastoral es comunitaria y participativa.

5. Si continuamos con una evangelización desde la comodidad del «siempre se ha hecho así» y que no involucre el uso de los medios de comunicación, sobre todo en este contexto; no será posible que el pueblo de Dios descubra el llamado a ser discípulos misioneros; porque la pastoral promueve una iglesia dinámica y en salida.

6. Si continuamos cerrados a la acción del Espíritu Santo que constantemente nos invita a una conversión pastoral que implica
acompañar procesos; no será posible responder con esperanza a las realidades existenciales del pueblo de Dios; porque nuestra
acción pastoral debe ser solidaria y encarnada en la realidad.

7. Si continuamos no impartiendo una formación integral (psicobiosociotrascendente) que favorezca a vivir la vocación
bautismal, no será posible suscitar en nosotros un compromiso permanente; porque la acción pastoral debe llevar siempre al
servicio de la comunidad parroquial.

8. Si continuamos con una religiosidad popular que no lleva al encuentro personal con Dios, no será posible que descubramos
que estamos llamados a dar testimonio de la fe; porque la pastoral debe suscitar un mayor compromiso bautismal.

9. Si continuamos no integrando los movimientos apostólicos y grupos de espiritualidad al PRED, no será posible trabajar en una pastoral de conjunto; porque con su carisma están llamados a enriquecer la vida de la Iglesia.

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