sábado , julio 13 2024

Nuestro Ideal Diocesano

NUESTRO IDEAL DIOCESANO

El pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Tacna y Moquegua: Obispo, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos son una Iglesia organizada en comunidad de comunidades, dinámica, viva, toda ministerial, evangelizada y evangelizadora; que ha alcanzado la santidad personal y comunitaria, transformando con la fuerza del Evangelio la cultura de la sociedad, acrecentando la unidad del reino de Dios para la salvación universal.

META 2024

«Al finalizar el 2024, nuestra Iglesia de Tacna y Moquegua con el Jubileo Mariano ha comenzado a dar respuesta a la escucha realizada en el Sínodo Diocesano, redescubriendo como comunidad creyente los desafíos pastorales e imitando las actitudes de María como modelo de amor, acompañamiento y compromiso.

LEMA DEL AÑO 2024
«Abrázame dulce Madre maría, para llevar a Jesús con alegría»

 

JUSTIFICACIÓN

El hombre hasta hoy ha avanzado muchísimo en el desarrollo de sus conocimientos, de la ciencia y de la tecnología (la inteligencia artificial), pero también consideramos que ha descendido tanto, incomprensiblemente, en sus niveles de humanidad. Es un ser racional, pensante, pero muchas veces su razón es demencial y parece que no tiene corazón, es demasiado violento, no tiene compasión ni misericordia con sus semejantes ni con los demás seres de este mundo. Cuantas veces se actúa con tanta crueldad, que ya no parece hombre: las guerras, la criminalidad, la trata de mujeres y niños, las extorsiones, la delincuencia, etc. Hay una minusvaloración de la vida e irresponsabilidad del cuidado de la casa común.

En estos últimos tiempos son pocos los que viven a profundidad su fe, aquellos que están marcados por una experiencia religiosa de encuentro con Cristo. Una gran mayoría se ha apartado de Dios y de su religión, viven como si Dios no existiera. Otros viven su fe, pero sin ningún mayor compromiso o misión. La tendencia no es cambiarse de religión o de ir de un lado a otro, sino de vivir su fe a su manera, ya no de pertenencia a una institución religiosa.

La crisis política, económica, social y religiosa no ha llegado como al azar, sino que es consecuencia de muchos factores influyentes en nuestra sociedad y familia. Crisis de credibilidad y confianza, de liderazgo, autoridad y servicio.

Todo ello nos genera sufrimiento, tristeza, cansancio, fragmentación, soledad, apatía, frustración y decepción. Pero, a pesar de esta situación -nosotros como Iglesia- no dejamos que se apague la llama de la esperanza y que la alegría desfallezca. Buscamos a la luz de la Palabra de Dios, con Cristo y de la mano de nuestra Madre Santísima, un camino juntos para salir de todo lo que nos aflige y vivir en un mundo mejor.

Por eso, en este camino sinodal hemos empezado el año pasado a tener espacios de diálogo, de manera especial de escucha a los niños, a los jóvenes, a las familias y a los agentes pastorales, para ver nuestras debilidades y fortalezas, para hacer un buen discernimiento a la luz del Evangelio, para asumir juntos los retos, desafíos y obstáculos, con un mayor compromiso en la misión de la Iglesia, una Iglesia en salida, llevando el Evangelio de la alegría, con un plan que involucre a todos. Por ello es urgente salir al encuentro del otro, como lo hizo María con Isabel, generando alegría y comunión, empatía, consuelo, fraternidad y solidaridad.

Celebramos un Año Jubilar Mariano, por los 300 años de la imagen de la Virgen del Rosario en nuestra Diócesis de Taca y Moquegua. Ella es testigo de toda la evangelización en nuestros pueblos. Nuestra diócesis es eminentemente mariana, con mucha devoción y amor a María.

En la sagradas escrituras: Lucas 1, 39-45: María sale al encuentro de Isabel llevando a Jesús en su vientre y generando alegría. Lucas 1, 46- 55: María canta con un espíritu alegre las maravillas que hace el Señor. Lucas 4, 16-19: Jesús anuncia un año de gracia, de júbilo para todos los que sufren. (Cf. Éxodo 23, 10-13; 34, 21; Levítico 25).

En algunos documentos de la Iglesia: Marialis Cultus (Pablo VI, 1974) La devoción de la Iglesia hacia la Santísima Virgen pertenece a la naturaleza misma del culto cristiano. Redemptoris Mater (Juan Pablo II 1987) Sobre la bienaventurada Virgen María en la vida de la Iglesia peregrina. Mulieris Dignitatem (Juan Pablo II, 1988) Sobre la dignidad y la vocación de la mujer con ocasión del año mariano.

En nuestra espiritualidad de comunión que anima el Proyecto Diocesano tiene como una de sus características la espiritualidad mariana, aquella que surge desde el “Sí” de María. María es imagen de la Iglesia, muestra el corazón materno de Dios, el rostro femenino y la mano suave de la Iglesia. Hoy necesitamos del abrazo de nuestra Madre, del abrazo del consuelo, de la paz, de la ternura y del amor sincero ante tanta violencia, agresividad y discriminación.

Ella es estrella de la evangelización y compañera en nuestra misión. Nosotros estamos llamados a imitarla. Es en esta realidad pastoral diocesana donde tenemos que seguir evangelizando, siendo discípulos y misioneros como María.

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