martes , febrero 27 2024

ORACIÓN PATRIÓTICA CON MOTIVO DEL 94 ANIVERSARIO DE LA REINCORPORACIÓN DE TACNA AL PERÚ

ORACIÓN PATRIÓTICA CON MOTIVO DEL 94 ANIVERSARIO DE

LA REINCORPORACIÓN DE TACNA AL PERÚ

Hermanos y hermanas:

Reciban cordiales saludos y las bendiciones de Nuestro Señor: el Dios de la Paz y de la Unidad, con motivo del Nonagésimo Cuarto Aniversario de la Reincorporación de la muy ilustre, la muy noble y la muy heroica ciudad de Tacna, Cuna de la peruanidad. Hoy, la “Plaza de la Mujer Tacneña” -así se conoce este recinto de la ciudad- no sólo nos convoca para recordar la fidelidad de un pueblo que expresó su lealtad a la patria por encima de todo cálculo humano, sino que también se convierte en un recinto que despide olor de peruanidad, y que, a modo de relicario precioso, guarda y transmite los más nobles sentimientos, los más sagrados y profundos vínculos que mantuvieron con tanto sacrificio con la “Patria invisible”, en palabras de Don Jorge Basadre, los hombres y mujeres que nunca perdieron su esperanza de retornar al suelo patrio, pues confiaban que Dios escucharía sus plegarias y haría realidad sus sueños de justicia. Los protagonistas de la gesta de la Reincorporación supieron mantener lealtad al terruño y al hogar que los vio nacer, por casi 50 años de invasión, con el Perú de sus amores. Lazos con la patria que fueron hechos a fuerza de buena fe, de la rectitud de su gente y de su hondo patriotismo que no pudo vencer el invasor prepotente.

Repasar esta página de la historia del Perú Republicano, que tiene como protagonistas a hombres y mujeres del “pueblo”: padres y madres de familia, campesinos, artesanos, comerciantes, maestras, sacerdotes, ancianos con la sabiduría que tienen ellos de mirar más allá del momento presente; en definitiva, gente sencilla y de gran corazón, que lograron mantenerse firmes ante el atropello de quien buscaba por la fuerza apropiarse de lo que no le pertenecía a modo de botín de guerra.  Los protagonistas principales que defendieron la patria en cautiverio no fue la clase política del ese tiempo, ¡No!, fueron las personas del lugar que con aplomo y resistencia pacífica se hicieron sentir y sobrellevaron con hidalguía tanto atropello y humillación. Este es el ejemplo que recibimos de quienes se jugaron la vida por defender no sólo un territorio, sino la inviolabilidad de una Nación, pues recordemos lo que tantas veces decimos: Señores: “¡la patria no se vende, la patria no se regala, la patria no se instrumentaliza, la patria se defiende con la propia vida!”.

No son sólo lecciones de historia que recordamos ahora, sino también lecciones que recibimos para aprender a ser mejores peruanos, mejores ciudadanos, mejores autoridades; aprendamos a vernos hermanos todos, revestidos por la bandera sagrada y bicolor: roja porque la tiñeron la sangre de sus héroes y blanca por la pureza del alma grande y generosa de millones de peruanos y peruanas. Hoy me permito adaptar un pasaje del Evangelio a este momento histórico que vivimos en nuestro país; se trata de la invitación que les hizo Jesús a los apóstoles cuando regresaron de una misión, les dijo: “Vengan a descansar un poco, pues estaban cansados y agobiados”. Percibimos hoy en día en la vida de muchos peruanos “extremado cansancio” e insatisfacción; cansancio y agobio porque daría la impresión de que no se están aplicando políticas acertadas que respondan a las necesidades y exigencias de las personas y eso, a la larga, se convierte en caldo de cultivo que se paga muy caro. Es requisito indispensable que los planteamientos políticos busquen el progreso y el desarrollo del país y esa es labor de las autoridades.

La crisis se ha ido agudizando con el pasar de los los años generando el cansancio y frustración, precisamente porque no se ven cambios que se prometieron en favor de los más necesitados. Hemos sido testigos que a un gobierno le sucede otro, con las promesas de cambio más audaces del anterior y no sucede nada. Esta Plaza es testigo de los pedidos de la Región en los discursos de las Señoras de Tacna a la máxima autoridad de la Nación que nos visitan cada año, como también a las autoridades regionales y municipales. Las cuentas del rosario de pedidos todos las conocemos: que se termine el hospital Hipólito Unanue, el drama de la falta de agua, la carretera Colpa la Paz, la ampliación de la carretera Boca del Río y estoy seguro que si me callara en este momento ustedes completarían las cuentas de este rosario que no termina. Y lo más triste que no sólo es Tacna, son las regiones del territorio patrio que experimentan la misma decepción, ya que las autoridades que rigen el país y las regiones están corriendo el riesgo de vivir a espaldas de las necesidades concretas y básicas, a espaldas de la pobreza y de dolor de muchísimos peruanos. Se hace urgente escuchar el clamor del pueblo. Deseo con toda el alma que hoy en esta Plaza de la Mujer Tacneña nazca el compromiso firme y decidido de escuchar y hacer realidad el clamor de los peruanos y peruanas, si no queremos seguir llorando la muerte de hermanos nuestros fallecidos en las manifestaciones de protesta.

Ciertamente, sabemos bien que los cambios no son automáticos ni se dan de un día para otro y que no es fácil emprender procesos de cambios y de transformación; ni siquiera en tiempos de serenidad; pero es necesario y urgente dar muestras claras y transparentes de rectas y efectivas intenciones, porque así lo exige el bien común, el bien de todos los ciudadanos. Ahora que nos encontramos camino al centenario de la Reincorporación de Tacna, renovemos nuestro compromiso con Tacna y con el Perú, teniendo como referente a los héroes de la reinserción a la patria. No sigamos cometiendo los mismos errores de desunión, desconfianza y desequilibrio de poderes pues, es necesario que estos poderes del Estado sirvan con eficacia y transparencia, de lo contrario, pagarán los más pobres por la inoperancia de sus autoridades. Es necesario recordar que no sólo existen los pecados de comisión, sino también los pecados de omisión; y como decía Santa Teresa de Jesús: “El infierno está lleno de buenas intenciones”. No basta con tener buenas intenciones, no es suficiente con decir: “Yo soy bueno” sino que hay que demostrarlo.

Salgamos de la crisis que nos afecta como comunidad que quiere tener un solo plan: el Proyecto Perú. Y a ello estamos obligados todas las instituciones y todos los peruanos y peruanas. Nadie debe sentarse en las “graderías de las críticas que no construyen, sino que destruyen. Cada uno de nosotros estamos llamados a poner nuestra generosa contribución que es específica e irreemplazable. Las autoridades tienen una valiosa oportunidad que no la pueden dejar pasar y es la de dar gestos concretos de que hay seriedad y sinceridad en el manejo del Estado, pues el bien común constituye la razón de ser de los poderes públicos. Los jóvenes, especialmente, necesitan modelos que les impulsen a contribuir al progreso del país, comprometidos por el bien de todos y esos modelos se forjan con la probidad y honestidad de los mayores. Por ello, cada 28 de agosto debería ser para todos como un examen de conciencia, un examen de “peruanidad” y así forjar una patria libre, unida, desterrando toda intención egoísta y mezquina, de camarilla, por desgracia, hoy tan extendido.

Al término de mi reflexión traigo a colación el texto de San Pablo a los Efesios que dice: “Tomen todos la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes en sus posiciones (…) ceñida la cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia y calzados los pies con la urgencia de anunciar el Evangelio de la paz” (Ef. 6, 13-16)  Invoco la protección de los hombres y mujeres que lucharon por retornar al Perú, a esa “Patria invisible” que la veían con los ojos de la fe y de la esperanza. No perdamos nunca el norte de nuestros buenos deseos en favor del progreso de un Perú unido y libre

Que nuestro Señor de Locumba y Santa María Señora del Santo Rosario nos sigan acompañando y protegiendo. Muchas Gracias.

+Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Obispo de la Diócesis de Tacna y Moquegua

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