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HOMILIA DE MONS. MARCO ANTONIO CORTEZ LARA, EN LA ORDENACIÓN EPISCOPAL DE MONS. JUAN CARLOS ASQUI PILCO

    HOMILIA DE MONS. MARCO ANTONIO CORTEZ LARA   

EN LA ORDENACION EPISCOPAL DE MONS. JUAN CARLOS ASQUI PILCO

12 DE MAYO DE 2022

GRATITUD

1 Canta el salmista: “Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Sal. 117) La invitación es muy apropiada para esta ocasión y permítanme que inicie mi homilía, exaltando la misericordia divina en favor de nuestra Madre la Iglesia, de manera particular con esta comunidad diocesana, al elegir y consagrar a nuestro hermano Juan Carlos como Obispo Auxiliar. Acogemos con gran emoción y gratitud -y cuanto más mi Persona- la designación que hiciera el Santo Padre Francisco, de un miembro de nuestro presbiterio, expresando así su bondad y cercanía para con nosotros. Manifiesto públicamente mi gozo y gratitud al Santo Padre que ha escuchado mis ruegos y ha querido darme un colaborador y un hermano para servir mejor a esta querida Iglesia como ella merece ser servida. Le pido Señor Nuncio, que haga presente mi agradecimiento rendido al Santo Padre Francisco y también quiero agradecerle a Usted por toda la ayuda que me ha brindado. Seguros estamos que nos llegarán bendiciones de lo Alto a través de su elegido para el ministerio de pastor a imagen de Cristo: “pastor y guardián de nuestras almas” (I Ped. 2,25). El Señor seguirá derramando copiosamente su Palabra vivificadora como lo ha venido haciendo desde que se sembró la semilla del Evangelio en estas tierras del sur del Perú. Hace tres años tuvimos la ocasión de celebrar el 75 aniversario, siendo un tiempo de gracia que la Santísima Trinidad nos concedió vivir. Al término del Año Jubilar dimos inicio al Sínodo Diocesano bajo el lema: “Bautizados y enviados a predicar la Buena noticia del Reino”, que con motivo de la Pandemia se vio interrumpido. Hoy, unidos con toda la Iglesia, retomamos el caminar sinodal y a través de él como enviados misioneros, renovamos el compromiso de proclamar las maravillas del Señor Resucitado.

Nuestro hermano Juan Carlos, de hace unos años, ha venido impulsando la tarea evangelizadora a través del Proyecto Pastoral (PRED) que inspira nuestro caminar de cristianos cerca ya de tes décadas y ahora con mayor razón que el Señor te llama a compartir conmigo el servicio de pastor seguirás con más fervor en esta noble tarea.

LLAMADO DESDE LA GRATUIDAD DEL DON

Queridos hermanos: Cristo Jesús está pasando junto a nosotros y junto a su elegido que lo llamó al sacerdocio hace 22 años, cuando le dijo: “Ven y sígueme”. Ahora, a través del sucesor de Pedro, el Maestro lo vuelve a llamar: “Ven y sígueme” (Mc. 10,21) En otras palabras, le está diciendo: “Te constituyo en Pastor y guía de mi pueblo”, y con santo temor y temblor, confiando en su corazón de Pastor le ha respondido: “Aquí estoy, mándame” (Is. 6,8). Hoy el Señor te llama al servicio episcopal para que, siendo ministro y dispensador de sus misterios, hagas visible su amor en medio de tus hermanos. El Buen Pastor que no abandona nunca a su rebaño, te elige para que sigas siendo sus manos, sus ojos y corazón, en una palabra: Él obrando a través tuyo su obra de santificación.

TESTIGO DEL RESUCITADO: EL OBISPO HOMBRE ESPIRITUAL

2 Por otra parte, la primera lectura nos ha recordado las recomendaciones que Pablo dio al Obispo Timoteo, siendo éstas de gran actualidad. Le pide el apóstol que reavive el don de Dios que recibió por la imposición de sus manos. Hoy, igual que ayer, siguiendo la forma apostólica, los obispos aquí presentes impondremos las manos sobre la cabeza del elegido y el Espíritu Santo actuará a través nuestro. La plegaria de ordenación episcopal por la que el Obispo electo queda constituido en un sucesor de los Apóstoles, viene precedida a través del signo de imponer las manos y en silencio. Este gesto quiere expresar cómo el poder transformante del Espíritu Santo actúa, convirtiendo al presbítero elegido en un Obispo, es decir, tal cual quedó constituido Timoteo y todos los que Jesús llamó al orden episcopal hasta el presente. Sabemos que la palabra “Episkopos”, la Iglesia de los comienzos la entendió como sinónimo de Pastor. Todo elegido debe disponerse a guiar la grey que Cristo le confía y por la imposición de manos, hoy querido Juan Carlos, quedarás sellado para siempre como Pastor y siervo.

Y continuando con el texto de Pablo, le recuerda al joven Obispo Timoteo: “Que el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad”. A este punto me permito recordar lo que el Papa Francisco, con ocasión del Encuentro con los miembros de la Congregación para los Obispos decía lo siguiente: “Para elegir a tales ministros (futuros obispos) es necesario entrar en la amplitud del horizonte de Dios y encontrar a estos portadores (…) No hombres condicionados por el miedo desde lo bajo, sino pastores dotados de parresía, capaces de asegurar que en el mundo hay un sacramento de unidad” (N. 2) La “parresía” es la audacia, el arrojo y el aplomo para defender, cuidar y velar por los hermanos a nosotros encomendados. Por ello, es conveniente que el Obispo reconozca con humildad que siendo frágil y débil como sus hermanos a quien tiene que servir y cuidar con corazón de Padre, ha sido llamado tal como Yavéh Dios se fijó en David de entre los apriscos, igual que llamó a Samuel de pequeñito, como Moisés con su grave dificultad de comunicarse debido a su tartamudez, pero el Señor se fijó en ellos y eso fue suficiente. Reconozcamos, queridos hermanos que el Señor actúa siempre y, por lo tanto, nos ha llamado porque así lo quiso y no hay que buscar más razones más allá de su inescrutable diseño de amor. Y por tal razón me permito decirte Juan Carlos qué a partir de ahora, tú formarás parte de esa larga lista de elegidos, y puedas decir igual que el Apóstol: “Sé de quién me he fiado” (2 Tim 1,12)) No tengas miedo: ni te avergüences; sí eres dócil como la arcilla en manos del alfarero, Él hará maravillas a través tuyo en favor de sus hijos, nuestros hermanos. Recuerda lo que dice el Apóstol: “Él nos salvó y nos eligió con su santo llamado”.

EL OBISPO ES UN VIDENTE QUE DEBE MIRAR CON LOS OJOS DE CRISTO

El Obispo si quiere ser fiel a su vocación debe seguir al Señor y Él se encuentra clavado en la cruz, si queremos representarlo no podemos obviar esta dimensión irrenunciable del Maestro Él se ha hecho siervo y los que le representan deben ser lo mismo, seguir la misma suerte. Por ello, el Episkopos está llamado a tener los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús y tiene que “ver” a las ovejas que el Señor le recomienda con los ojos del Pastor crucificado y resucitado. Ciertamente, la facultad de ver de un Obispo es muy distinta a cómo ve un arqueólogo, un antropólogo que examinan restos del pasado, o un médico forense que examina un cuerpo sin vida. El ver del Obispo es creativo, es artesanal, en palabras del Papa, es más parecido a los ojos de un agricultor que ve las plantas con “ojos de esperanza” y no se cansa de prodigar su tiempo, su esfuerzo y de esa manera expresa su amor. El Papa Francisco le gusta más la expresión velar que vigilar y es muy apropiada al ser de nuestro Señor, Él es el que vela por nosotros y no se cansa de cuidarnos. El Pastor ve con los ojos de Cristo a sus hermanos y lo hace con la intención de velar por el rebaño; en pocas palabras y como bien lo afirmó el entonces Cardenal Ratzinger: El obispo “debe ser un vidente (…) la fe hace ver. Sólo desde Dios se ve bien. Pues solo desde él se puede comenzar -también como débil ser humano- a ver en su conjunto y a distinguir lo esencial de lo no esencial” (En “¿Cómo debería ser un Obispo?” Obras Completas. Vol XII).

EL OBISPO: TRANSFORMADO POR LA PALABRA QUE SALVA ES UN CRISTÓFORO

3 Pero, volviendo al momento de la consagración episcopal, esto sucede a través del signo y de las palabras. El signo de imponer sobre la cabeza del elegido los Santos Evangelios, que cubrirán tu cabeza y hasta tu rostro; de esta manera se realiza la consagración: es la Palabra de la Buena Nueva de Nuestro Señor Jesucristo que te abarca, te cubre y hasta te transforma en Palabra Viva, una especie de encarnación de esas páginas santas que te alimentaron y que, ahora, tú tienes que nutrir al Pueblo santo de Dios con la Palabra Redentora de Cristo. Es muy elocuente este signo, pues indica que el candidato elegido para Obispo está transformado y redimensionado por la Escritura Santa. No por las palabras de los que dicen frases “dulces” y engañosas porque quieren agradar a los hombres. Tus palabras deben ser la prolongación de las de Cristo. Benedicto XVI en la homilía que dirigió en su propia ordenación episcopal de 1977, señalaba que: “La Palabra viva de Dios (…) lo sella. El no es jefe, sino colaborador, y precisamente de ese modo se hace libre, encuentra la verdadera vida y la muestra a otros. La palabra (…) lo cubre, lo protege, es su liberación y su salvación. (…) La palabra de Dios nos protege de nuestra obstinación, de nuestra actitud de sabelotodo, de nuestra presunción, por lo que solo damos validez a lo que se puede tocar, encerrándonos en nuestro propio mundo. Nos protege del veneno del alma. (…) La lucha por la libertad del corazón, la lucha por la apertura al todo, al Dios eterno y vivo, esa lucha es la que se encomienda a quien se le ha impuesto la Palabra de Dios.” (El Obispo es un portador de Cristo. En Obras Completas Vol. XII, pag. 23..)

¡Que aleccionadoras y cuanto nos compromete la reflexión de Benedicto XVI!, pues el Obispo está llamado a nutrirse de la Vida de Jesucristo, Palabra Viva y encarnada, y a partir de su condición de Cristóforo, portador de Cristo, Cristo en ti, sólo desde esta perspectiva seremos creíbles y nuestros hermanos y hermanas gozarán de buenos pastos. Estamos invitados los pastores a formarnos en la escuela del Evangelio, para que Jesús nos moldee y tengamos las actitudes y el corazón de discípulos cercanos a su Maestro, con la actitud de quien vela el rebaño y lo cuida con su propia vida. Esta identidad con la Palabra nos permite ser cercanos con todos, a los más pobres.

CON OLOR DE OVEJA Y CON OLOR DE CRISTO

4 La frase más emblemática del Papa Francisco y que la ha venido desarrollando a lo largo de su ministerio Petrino es, precisamente, esta: “Quiero pastores con olor de oveja y sonrisa de papá” (Homilía del jueves Santo de 2015). Esta figura que presenta Francisco debe inspirar a todo aquel que es llamado a servir en la Iglesia en su nombre y, por lo tanto, guarda una profunda e intrínseca conexión entre Jesús que llama, el elegido y la misión que se le encarga: servir y cuidar a las ovejas. Por ello, la imagen que usa el Papa, más que hacer referencia a una figura del obispo, acentúa la característica de oler, el olor de pastores que despiden a su paso el olor de sus hermanos, entendiendo de esa manera que dicho pastor vive entregado a sus hermanos y hermanas: es su “olor” más característico y propio. Así, asegura la pertenencia a Dios y al rebaño encomendado.

Más la metáfora del Papa reclama otra al mismo tiempo y es esta: Pastor con olor a Cristo. Si Cristo es el Primer pastor con olor a oveja, de la misma manera y por la elección que ha recibido, todo obispo debe oler a Cristo y así se preserva del peligro de ser mundanos: sea de corte materialista que de un clericalismo. Queridos hermanos valga esta imagen para subrayar la importancia de que Dios nos huela a ovejas y el pueblo nos huela a olor de Dios. Y para ello es necesario que los Obispos seamos hombres que rezan por su pueblo y con su pueblo: obispos orantes y obispos pastores; por tal motivo el Papa Francisco señala lo siguiente:

“Los pastores deben ser cercanos a la gente “padres y hermanos que sean mansos, pacientes y misericordiosos; que amen la pobreza interior como libertad para el Señor, y también exterior como sencillez y austeridad de vida; que no tengan psicología de “príncipes”; que no sean ambiciosos (…) que sean capaces de guardar el rebaño que les sea confiado, o sea, tener solicitud por todo lo que los mantiene unidos, capaces de velar por el rebaño” (Discurso del 21 de junio de 2013) Lo que nos acaba de decir el Papa nos alienta para renovar nuestro compromiso de verdaderos Cristóforos y auténticos pastores

PASTORES QUE CONFIAN EN LA MADRE DE DIOS

5 Termino la homilía recordando la importancia que tiene la comunidad de acompañar y orar por sus pastores, pido humildemente que nos tengan presente en sus oraciones, especialmente a quien va a ser consagrado hoy obispo. El papa francisco hacía alusión a la importancia de ser comunidad y todos testigos del Señor cuando señalaba que: “Como cristianos, no sólo somos llamados, es decir interpelados personalmente por una vocación, sino también con-vocados. Somos como las teselas de un mosaico, lindas incluso si se las toma una por una, pero que solo juntas componen una imagen (…) Por eso la Iglesia debe ser cada vez más sinodal, es decir capaz de caminar unida en la armonía de las diversidades, en la que todos tienen algo que aportar y pueden participar activamente” (Mensaje por la 59 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones)

Que la Santa Madre de Dios, Madre de la Iglesia, siga guiando a nuestro hermano Juan Carlos y nos siga acompañando como buena Madre que es, que nunca nos falte su compañía y la de San José, patrón de la Iglesia Universal y del Perú. Santa María del Santo Rosario, patrona de la Diócesis ruega por nosotros y nos proteja siempre.

ASÍ SEA.

 

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