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La Palabra del Pastor

Domingo 18 de Noviembre de 2018

Domingo 18 de Noviembre de 2018

El Señor está a la puerta

El evangelio de este día, leído rápidamente pueda dejar una sensación de temor “en aquellos días, después de esa angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros tambalearán”; también muchas películas que especulan el fin de los tiempos colaboran con este temor creando hasta una psicosis.

Pero si seguimos leyendo podemos darnos cuenta que es un texto esperanzador para nuestros días y parta el futuro, pues dice que en medio de todas esas catástrofes vendrá el Señor y será evidente para todos: “Entonces verán venir al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria”, ésta es la razón del por qué no sucumbir, aunque todo sea un caos.

Sin duda, con todo lo que pasa en nuestro mundo quedamos verdaderamente espantados, una chequeada rápida y general de nuestro entorno nos deja sabor de angustia, de desengaño y hasta limita nuestro optimismo sobre el cambio… pero si las vemos como nos recomienda el Seor la esperanza se renueva.

Para explicar mejor esta realidad Jesús mismo usa una parábola y dice: “Cuando una higuera, ven que sus ramas están tiernas y brotan las hojas, saben que el verano está cerca. Así también cuando vean que sucede esto, sepan que el Señor está cerca, está a la puerta”; es decir, en medio de tantas realidades trágicas y adversas el Señor está cerca, aunque muchos siembren pánico y comercialicen miedo, el Señor está en medio de nuestro caos, personal y social. Esta certeza sostiene nuestra esperanza.

Claro está que “sobre el fin del mundo nadie sabe ni el día ni la hora, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre”, por ello debemos estar siempre preparados, el Señor esta a la puerta, y si te arremete la duda, la inseguridad, la soledad, la incertidumbre del futuro recuerda cuanto nos dice el Señor: “Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” y entre sus palabras, resuene fuertemente en tu conciencia y en tu corazón lo que nos dijo el Ascender al cielo: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.”

El Señor viene, el Señor está cerca, entra si le dejas entrar, no te rindas, como dijo el Papa Francisco: no nos dejemos robas la esperanza.

+Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 11 de Noviembre de 2018

Domingo 11 de Noviembre de 2018

“Ha dado todo lo que tenía para vivir”

El evangelio de este domingo nos invita a poner la confianza en Dios, a poner nuestro todo en sus manos, aunque eso que tenemos sea poco. También nos recomienda salir del obrar por apariencia. Este evangelio tiene dos momentos, primero un diálogo con la gente en general y luego con sus discípulos.

Jesús dirigiéndose a la multitud recomienda no asumir las actitudes de los Escribas, que en su tiempo y también hoy es muy difundida en nuestro entorno. Nos dice “Cuidado con los Escribas, a quienes les gusta pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas”, es decir cuidando las apariencias, el vestir, la preocupación por lo superficial, la búsqueda de popularidad, de “ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primero puestos en los banquetes”, ellos caminan con aires de superioridad, como que todo se les es debido, por eso no les importa si devoran  los bienes de los pobres, de los desposeídos con pretextos de rezos, incluso usan a Dios como justificación de sus atropellos.

También hoy actuamos así, cada vez que despreciamos a alguien por lo que tiene o no tiene, por como viste; el afán de estar en el primer lugar, la guerra por tener poder oscurece y embota la mente, endurece el corazón y lo hace indolente a las necesidades ajenas. Nuestro Señor Jesucristo nos advierte sobre esta actitud que disfrazamos con tantos pretextos, por la maldad con el que acusamos a inocentes sólo para no perder popularidad, a todos estos se tendrá “una sentencia más rigurosa”. Mas, el Señor no da solo enseñanzas teóricas, sentado frente al templo Observa su realidad y mira que: “muchos ricos echaban mucho en el arca del Tesoro del Templo”; ve que también “llegó una viuda pobre u echó dos moneditas”. Entonces llama a sus discípulos y les dice que la viuda pobre a echado más que todos.

Seguramente junto con los discípulos nos preguntamos ¿Cómo puede ser que dos céntimos de la viuda puedan valer más que lo echado por los ricos? Con mucha plata haríamos tantas cosas, con dos monedas ¿qué se puede hacer? Dejemos que Jesucristo nos explique: “Todos han echado de lo que les sobraba, ésta viuda, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir”. Esta mujer expresa lo que es el hombre delante de Dios, alguien pobre pero que se fía de Él, que pone en sus manos su sobrevivencia, su todo, su vida y que queda enriquecido por su generosidad. Mas no siempre actuamos así, generalmente son nuestras sobras lo que le damos “Cuando tenga tiempo iré a Misa”, “estoy trabajando”, y lo mismo hacemos con los más cercanos: “después hablaremos, ahora estoy ocupado”.

Hermano (a), a ejemplo de la viuda, pon tu vida en manos de Dios, no te esmeres tanto por la apariencia para Jesús lo importante no es la cantidad, sino el amor con el que se da, con el que se comparte, fíate de Dios.

+Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 04 de Noviembre de 2018

Domingo 04 de Noviembre de 2018

<<Ama a tu prójimo…>>

Acabamos de celebrar la fiesta de todos los santos y la conmemoración de los fieles difuntos, ambas realidades nos hablan de lo pasajero que es la vida y la importancia de pasar por ella “haciendo el bien”, es decir amando a Dios con todo el corazón, con toda la mente con todas las fuerzas, y amando al prójimo como a nosotros mismo, entre miles y miles de cosas que podamos hacer esto es lo más importante, así se lo dejó claro Jesucristo cuando un escriba de su tiempo le preguntó: <<¿Cuál es le primero de todos los mandamientos?>> Había en efecto -como lo hay también ahora-, tantas normas, mandatos, estatutos, incluso contradictorias, que lejos de facilitar la vida, agobian.

La pregunta del escriba es la que muchos creyentes de hoy nos hacemos, con otras palabras, podríamos decir que la pregunta es: ¿Qué es lo más importante?; la respuesta de Jesús es mucho menos complicada de lo que cualquiera podría esperar, establece un orden de prioridad pero que no se contraponen: El Señor Dios es nuestro único Señor, a Él amaremos y por Él a todos los demás, incluso a nosotros a nosotros mismos. De aquí nace la sana autoestima, del saberme amado por el Señor, con todo lo que soy, y nace también el reto: amar al prójimo como a uno mismo. Amarás al Señor tu Dios con todo tu ser y a tu prójimo como a ti mismo, esto determina todo.

Amar a Dios en primer lugar, es convencernos que Él nunca quiere el mal para nadie, que Dios tiene un proyecto de amor y que confiamos en ese proyecto de amor, por ello nos entregamos a este proyecto con todas nuestras fuerzas, sin olvidarnos de nuestro prójimo. El amor cuando tiene a Dios primero no busca ganar, ni engañar, no humilla, ni se siente inferior, ni superior, por el contrario, busca hacer el bien, siempre, en todo lugar, y con todos más allá de las antipatías o simpatías. Siempre se busca hacer el bien, es allí  donde el amor de Dios se encuentra con nuestra libertad, y es el momento de las grandes opciones: obro por amor o por interés, conveniencia. Si nuestras opciones y acciones buscan el bien, entonces nos acercamos y construimos -con Dios-  el reino de los Cielos.

Y todo esto ¿cómo se logra?, uno: acercándonos al Señor, cómo el escriba que buscó salir de su duda yendo a la fuente de la verdad; dos: Escuchando lo que el Señor nos pide, aunque nos cueste; tercero: amando lo que nos pide, cuarto: obrando  aquello que nos pide, es decir: Amando a Dios y a nuestro prójimo por amor a Dios. Este amor es como una página que no se puede romper una sin romper la otra. En este domingo date un tiempito y pregúntate: ¿Qué es lo más importante par ti? Dios es el único que merece más amor, ¿así te conduces en tu vida? ¿realmente podrás ser recordado por tu fe hecho obras?

+Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 21 de octubre de 2018

Domingo 21 de octubre de 2018

NO SABEN LO QUE PIDEN

¿Qué quieren que haga por ustedes? Es la respuesta que da Jesús a los hijos de Zebedeo, Juan y Santiago. Es la misma pregunta que hizo al ciego Bartimeo que encontró en el camino, a este último le concedió lo que pedía, a los primeros no. Y ¿Qué pedían?, el ciego: poder ver y así fue; Santiago y Juan, piden “Concédenos sentarnos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”, pero Jesús no accede a su petición por dos razones: porque ese lugar ya está reservado y porque: “no saben lo que piden”.

Años más tarde, también San Pablo diría “ustedes oran piden y no reciben nada, porque piden mal, no saben pedir”, en este caso Juan y Santiago piden honores, prestigio, fama, piden un puesto quizá aprovechando la amistad y confianza con que les trata el Señor. Pero él les aclara el panorama con otra pregunta: ¿Pueden beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizado con el bautismo con que yo voy a ser bautizado? y aunque audazmente responden que sí, el Señor no quiere gente sentada esperando ser servida, quiere discípulos que se arriesguen, capaces de dar más de lo que se pide.

Los otros diez, que estaban atentos al dialogo, empezaron a indignarse contra los dos hermanos. La ambición, el autoritarismo rompe la armonía de la comunidad, del pueblo, de la familia. Jesús que se ha dado cuenta de la situación les reúne y les habla: “Ustedes saben que los que son tenido como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y los grandes les hacen sentir su autoridad, pero no ha de ser así entre ustedes, sino que el que quiera llegar a ser grande sea su servidor, y el que quiera ser le primero sea esclavo de todos”.

También hoy con nuestra familia dispersa porque cada uno se preocupa sólo de lo suyo, con una sociedad indiferente donde cada cual solo busca su provecho, necesitamos que Dios nos vuelva a reunir, y que nos recuerde lo que dijo entonces a sus discípulos: el que quiera ser el primero sea el servidor de todos. Esta es la lógica de Dios, que todos necesitamos vivenciar hoy más que nunca.

Hermanos en estos tiempos difíciles para todos, oremos al Señor con más insistencia: Señor Jesús dame un corazón noble, generoso para aspirar por ideales altos y no por opciones mediocres.

Necesitamos que nos reúnas y nos reconcilies contigo, con los demás, con nosotros mismos; necesitamos seguir su ejemplo: “No he venido a ser servido sino a servir”. Y ya que en nuestra oración se mezclan intereses superficiales, pues no sabemos pedir, y hasta pedimos lo que no nos conviene, permíteme orar con la oración que nos enseñaste: no nos dejes caer en tentación… venga a nosotros tu reino de justicia.

+Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 07 de Octubre de 2018

Domingo 07 de Octubre de 2018

LO QUE DIOS HA UNIDO

En medio de tantas luchas y contiendas que atraviesa nuestra patria, el evangelio de Jesucristo remarca una necesidad fundamental por el que pocos o casi nadie suele invertir: la unidad familiar, la realidad matrimonial vista desde Dios, en quien tiene su origen. Mientras Jesús enseñaba <<Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: ¿Puede el marido repudiar a la mujer? Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla>>. Jesús responde: <<Teniendo en cuenta la dureza de su corazón escribió para ustedes este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne>>.

Jesús ha hecho alusión a dos actitudes: el preguntar con malicia, tendiendo una trampa y la dureza de corazón, con el que se va acomodando las cosas a lo que uno que quiere hasta hacerlo ver como normal y justo, esta es la tentación de siempre: buscar salirse con la suya, sin importar destruir hogares, lastimar indefensos, jugar con los sentimientos ajenos. Pero nuestro Dios, que quiere nuestro bien, resalta con autoridad el precepto original: <<Lo que Dios unió, no lo separe el hombre>>. Con esto resalta la grandeza del matrimonio que tiene a Dios como garante, no es un juego ni un mutuo acuerdo contractual, es la expresión de su amor eterno por la humanidad, del desposorio que Jesucristo ha hecho con nuestra naturaleza humana del que no renuncia ni aun ascendiendo al Padre, es reflejo de su amor fiel llevado al grado máximo: hasta dar la vida, su felicidad es buscar  la nuestra y no la satisfacción personal, que generalmente da origen a tantas discusiones y engaños: ya no me hace feliz, buscaré otro(a). Sobre esto dice Jesús: <<Quién repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio con aquella y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio>>. Adultera el amor que prometió, la falsea, la deforma. Esta triste realidad pide prevenir, cuidando los detalles, compartir tiempo, conversar, orar: familia que reza unida, permanece unida.

Por último, viendo Jesús a unos niños dice: <<Dejen que los niños vengan a mí, no se lo impidan, de los que son como éstos es el Reino de Dios>>. Lamentablemente hay niños que no tienen fe por actitudes de los padres: ¿Por qué Dios no impide que mis padres se separen, yo les quiero a los dos?, he oído decir. Luego estos niños crecen con carencias afectivas y buscan llenarlas con lo primero que se les ofrezca, y no están los padres más que para darles algo material, o hacerles sentir culpables de esa primera relación: ‘si yo no hubiese nacido cada uno seguiría su rumbo y no se haría daño’, expresaba con dolor una adolescente. “Ningún éxito en la vida, justifica el fracaso en la vida”, menos el de tu matrimonio, ni de tu familia, en ella está el secreto dela seguridad ciudadana, el fin de la trata de personas, de la coima, de la violencia; el ejemplo del trabajo honrado, del respeto de las normas de convivencia, al fuerza para afrontar el fracaso, la confianza de que el bien puede más. Hoy que celebramos el día de la virgen del Santo Rosario, roguemos su protección maternal para nuestro pueblo y cada uno de nuestros hogares.

+Mons. Marco Antonio Cortez Lara 

Domingo 23 de setiembre del 2018

Domingo 23 de setiembre del 2018

¿De qué discuten por el camino?

Una vez más Jesús anuncia cuanto iba a sufrir y el triunfo de su resurrección pero sus discípulos no entendían lo que quería decir, y como les daba miedo de preguntar se pusieron a conversar de otro tema de interés común. El miedo a afrontar las exigencias les lleva a ser superficiales. Todo esto pasaba mientras iban de camino, Jesús aprovechaba toda ocasión para instruir a sus discípulos, llegado a casa les preguntó: ¿De qué discutían por el camino? Los discípulos callaron de vergüenza, pues discutían sobre ¿Quién era el mayor de todos?. También nosotros estamos de camino a la Casa Paterna ¿Cuál es nuestra preocupación?, ¿De qué discutimos mientras vamos de camino?, será que también nos callaríamos de vergüenza por los temas que tratamos en nuestras conversaciones.

No es malo querer ser el primero, sino en qué y cómo querer serlo, por eso Jesús con toda paciencia se sienta, llama a los doce y les dice: <<Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos.>> Les llama, pero no porque los discípulos estaban lejos físicamente, sino porque están lejos de asumir el estilo de vida que como discípulo suyo les correspondía, sus intereses y preocupaciones distaban de lo que el Maestro les pedía. Para Jesús ser mayor es el que se pone al servicio. También nosotros aun creyendo estar cerca de Dios, podemos estar lejos, si nuestras preocupaciones son meramente humanos y hasta banales, discutimos por cosas simples, criticamos, herimos la fama de otros; cada uno queriendo hacer predominar nuestra razón, hablamos y actuamos con orgullo y ¡hay de aquel que nos contradiga u opaque!.

Para mejor entender su mensaje, Jesucristo “tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: <<El que reciba a un niño como este en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a aquel que me ha enviado.>>” Qué ternura la de nuestro Dios, abraza, acoge lo sencillo, lo humilde, lo aparentemente despreciable, recordemos que para que su tiempo los niños no contaban mucho en la sociedad. Los discípulos seguramente daban las razones del porqué podía ser el mayor, cada uno buscaba sacar ventaja de su amistad con Él, a veces seguimos y buscamos al Señor solo por tener alguna ventaja y a la hora de las exigencias lo desconocemos, tomando a un niño nos habla de la pureza  de intenciones, de confianza y no de miedo. A nosotros que somo mezquinos, egoístas sin Dios, abrazando a un niño corrige nuestro modo de pensar: El mejor es el que hace de su vida un don para los demás. Vivir conforme esto contrastaría a tanto desorden que causa los celos y las envidias. Queridos hermanos aprovechemos este día para preguntarnos: ¿Qué busco mientras voy de camino en esta vida? Y luego encaminémonos en la senda de Dios, ayudados con su gracia.

+Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 09 de setiembre del 2018

Domingo 09 de setiembre del 2018

¡ÁBRETE!

En el evangelio del domingo anterior, Jesús nuestro Señor nos daba a entender que es en el interior del hombre donde brota la maldad o la bondad. Hoy, profundizando un poco más este tema, nos invita abrir el corazón a su mensaje para luego convertirnos en anunciadores valientes de su palabra en medio de un mundo cada vez más sordo a lo de Dios y por ende menos interesado en proclamarlo. En tierra pagana, “le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan que imponga la mano sobre él”, para que quede sano. ¡Qué bueno contar con familia, amigos, vecinos que siempre están acercándonos hacia Dios!, qué bueno si cada uno, gratamente, es instrumento para que otros se acerquen más a Dios.

¿Oras por tu familia, por los compañeros de trabajo, por quienes te hacen mal? Suplicar pro las necesidades de otros nos saca del indiferentismo,del yo mezquino que sólo se mira a sí mismo. Jesús en respuesta a esta súplica hace más de lo que le piden, no sólo impone sus manos sino que toca la fragilidad apartado de ente la gente, “a solas, metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua.” Para Jesús no somos uno más de la masa, del colectivo, el encuentro con él es personal, nuestra respuesta es personal.

Luego Jesús, “levantando los ojos al cielo, dio un suspiro, y le dijo: <<Effatá>>, que quiere decir: <<¡Ábrete!>>”, ¿cuánto hace que no levantas la mirada al cielo, a las realidades que no pasan? ¿Cuánto hace que preocupado, más bien obsesionado por los bienes terrenos llegas incluso a lo indebido, por poca cosa? A nosotros ensordecidos por el bullicio, incapaces de oír a Dios por miedo al silencio, por el rencor y remordimiento que planea venganza, el Señor nos dice <<¡Ábrete!>>, abre tu corazón, no te resistas a cambiar de vida; balbuceas el bien y no dejas salir lo bueno que hay en ti… muchas veces suplicas y clamas, extiendes las manos para recibir mis bendiciones y favores, pero te olvidas que para recibir primero hay que abrir el corazón, dices que no te escucho pero en realidad tú no escuchas mis respuestas porque tienes preconcebido lo que quieres escuchar.

Por último, nos dice el evangelio, que cuando al sordo “Se le abrieron sus oídos, al instante, se le soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente.” Al oír le siguió el hablar, y aunque Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Cómo no hablar de las maravillas de Dios, si <<Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.>>  También en ti, puede hacer maravillas: <<Effatá>>, <<¡Ábrete!>>.

+Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 02 de Setiembre del 2018

Domingo 02 de Setiembre del 2018

EN VANO ME RINDEN CULTO

El evangelio de hoy revela algo muy actual: preocuparnos solo de lo exterior, descuidando la verdad de nuestro interior, nos lleva a un vivir hipócrita. Fue esto lo que Jesús encaró a los Escribas y Fariseos, que se escandalizaron al ver que algunos de sus discípulos comían sin lavarse las manos, lo cual era para ellos una norma ritual recibido desde antiguo. Ante estos Jesús que suele ser muy amable con pecadores y enfermos, les habla con firmeza: <<Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí.>> En efecto, por cumplir normas, que ya para ese tiempo se habían multiplicado y mandaba observar lo minucioso, descuidaban al prójimo y sus necesidades; considerándose justo a sí mismos, estaban atentos y resaltaban lo negativo de los demás, reduciendo su fe a un ritualismo.

De esta realidad no estamos exentos hoy, muchas veces ponemos más atención a las fallas de los otros para luego murmurar y juzgar, poner mal ambiente, gastar el tiempo en destruir a los demás, justificando que eso se hace por ser “sinceros”, pero si se oye hablar de uno entonce viene la revancha. Se nos olvida lo cristiano, nuestro culto a Dios se hace vano porque le honramos sólo con los labios y no con el corazón, seguimos normas y hábitos pero no somos capaces de inclinarnos ante la miseria del otro. El peligro de una fe sin corazón es buscar a un Dios misericordioso para con nosotros pero justiciero para con los demás. Escuchemos lo que Jesucristo nos sigue diciendo:  “Oigan y entiendan. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre”.

Preocuparnos de la apariencia, de un construirnos una buena figura, intachable, pero descuidando nuestro interior, es construir sobre arena. Hoy es un llamado a cultivar la propia interioridad, porque, como dice Jesús “de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.” La raíz del problema no es la mano sucia, sino el corazón sucio. Por eso hoy es también un llamado a la responsabilidad personal, la sociedad es lo que cada uno aporta. En el interior de cada uno está la posibilidad de elegir.

La hipocresía no es el ser pecador o el equivocarse, sino el creernos justos y mostrarnos como tal, el negar nuestra fragilidad y vivir preocupados únicamente por nuestra fachada “sepulcros blanqueados”. ¿Tus acciones, palabras y pensamientos, coinciden?, si es así alégrate: eres coherente. Si eres capaz de reconocerte pecador, frágil, incompleto, entonces sabrás cuidar también de los demás. Si ruegas a Dios que te lave la manos, que te cambie el corazón, entonces aprenderás de Él lo que significa amar desde su poder misericordioso.

Roguemos al Señor nos sane y purifique el alma, que nos fortalezca la voluntad y la oriente siempre al bien.

+Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Homilía por el 89º Aniversario de Reincorporación de Tacna al suelo patrio

Homilía por el 89º Aniversario de Reincorporación de Tacna al suelo patrio

HOMILIA CON MOTIVO DEL OCTOGÉSIMO NOVENO ANIVERSARIO

DE LA REINCORPORACIÓN DE TACNA AL SUELO PATRIO 2018

 

Sr. Presidente de la República: ING. MARTÍN ALBERTO VIZCARRA CORNEJO

Sr. Presidente del Congreso de la Republica: ARQ. DANIEL SALAVERRY VILLA

Dignas autoridades aquí presentes

Representantes de las instituciones civiles, militares, policiales, fuerza aérea del Perú, cuerpo diplomático, invitados a esta celebración patriótica;

Hermanos y hermanas todos:

Cada 28 de agosto, conmemoración de la Reincorporación de Tacna al Perú, nos permite honrar a nuestros héroes que mantuvieron siempre vivo el sentido de pertenencia a la Patria, como también rendir homenaje a la mujer tacneña, paradigma de la mujer aguerrida y fuerte, modelo de peruanidad. A pesar de las duras dificultades y vejaciones que sufrió el pueblo tacneño por cerca de cincuenta años, brilla incontratablemente en las páginas de la historia la heroica fidelidad de unos hombres y mujeres que amaron entrañablemente su patria a costa de sus propias vidas.

Inspirados en tan noble testimonio de vida de nuestros mayores, podemos siempre encontrar el aliciente que nos estimule a forjar con nuestras manos, con nuestro corazón bañado de rojo y blanco y con nuestras obras inspiradas en la corresponsabilidad, la tarea impostergable de trabajar juntos por nuestra amada patria. Queremos reconocer que el buen andar y el futuro promisorio depende de todos nosotros sin excepción; pues Dios, nuestro Padre, nos quiere conceder el progreso y el desarrollo como pueblo unido, como ciudadanos que estamos constantemente aprendiendo de la historia, y que somos conscientes que no podemos cometer los inveterados errores de desunión y desconfianza mutuas.

El ejemplo de quienes hicieron posible la Reinserción de Tacna al Perú, gracias a su tenacidad y espíritu de cuerpo, nos permite, como a través de un prisma, acercarnos a la dura situación actual que atravesamos y poder decir sin pesimismos estériles que la crisis actual está reclamando el esfuerzo esmerado y sincero de autoridades y ciudadanos que sumando estás dos fuerzas dan como resultado una plataforma de superación. Dicha reflexión llena de optimismo nos invita a renovar nuestro compromiso con el Perú, con mirada serena y llena de confianza, en primer lugar, en Dios, el Señor de la Historia y, en segundo lugar, confiando en nuestros hermanos. Qué importante es que nuestro optimismo tenga como fundamento la Providencia divina que nos ha acompañado desde los comienzos de nuestra Patria, ella motivó en nuestros héroes una actitud de entrega y de sacrificio en defensa de los intereses de la Patria y, por ende, también de su desarrollo y progreso.

Hoy queremos renovar nuestro compromiso con Tacna y con todo el Perú porque tenemos tantos, pero tantos motivos para vivir esperanzados en un cambio efectivo en nuestra historia porque cada uno de nosotros quiere generar este cambio que mira al futuro, al progreso y la auténtica unidad de todos los peruanos y peruanas. Hoy queremos crear puentes de comunicación, estrechando nuestros brazos con los del hermano, para así caminar juntos y sólo así afrontar los retos y desafíos que tenemos por delante, seguro que detrás de ellos veremos un amanecer lleno de oportunidades para todos, un amanecer lleno de luz y de paz para nuestro querido Perú.

Este nuevo aniversario de la Reincorporación de Tacna, nos permite reflexionar con humildad y sinceridad: que, si bien es cierto, todos somos conscientes de los muchos problemas y dificultades que nos aquejan y conocemos los acontecimientos escandalosos que han puesto sobre el tapete cuan arraigado está la corrupción en nuestro país; de la misma manera debemos ser conscientes que unidos por un mismo propósito e ideal, podemos enfrentar los desafíos que nos plantea la ansiada reforma y cambios de paradigmas con carácter de urgencia. Para ello es necesario reconocer que todos los peruanos estamos implicados en tan noble reto de tender puentes, abrir caminos de fraternidad y solidaridad, fomentar una auténtica cultura del respeto: respeto a los demás, a uno mismo, respeto a las instituciones del Estado, respeto a la mujer, respeto a los niños, respeto y tolerancia a los que no piensan igual que uno, respeto a la vida. Aceptemos que el Perú es uno solo y a la vez una síntesis viviente fruto de sus herencias del pasado, pero conformada por innumerables rostros que expresan las muchas maneras de ser peruanos.

Termino recordando las palabras llenas de sabiduría de Don Jorge Basadre Grohmann, cuando por último vez visitó su amada Tacna y en el discurso que preparó para el CADE 1979, dijo lo siguiente: “Soy un peruano más que entiende el sentido de la patria como un conjunto de derechos inalienables y, al mismo tiempo, como un repertorio de deberes a través de una inmensa diversidad de actividades, cada una de las cuales necesita ser compatible con la legítima existencia de todos”.

Que nuestro Señor de Locumba, la Virgen del Rosario, San Pedro y Santa Fortunata sigan guiando nuestro diario caminar por senderos de paz y de fraternidad.

ASÍ SEA.

+Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Obispo de Tacna y Moquegua

Domingo 15 de julio del 2018

Domingo 15 de julio del 2018

LLAMÓ JESÚS  A LOS DOCE

“Un par de sandalias y un bastón” (San Marcos 6,7-13)

El evangelio de hoy es un llamado a lo esencial, pocas cosas se necesita cuando realmente se quiere hacer el bien sin afán de protagonismo, oportunismo para auto favorecerse. En efecto el evangelio comienza con la iniciativa de Dios: “llamó Jesús a los Doce”, y ¿para qué los llamó? para enviarlos a predicar en este mundo tan lleno de egoísmo. Y ya que la tarea no es fácil les da como bolsa de viaje unas recomendaciones que bien nos ayudaría tenerlos presente en todas las circunstancias: “nada lleven para el camino ni pan ni alforja, ni dinero en la faja, ni dos túnicas, sólo un par de sandalias y un bastón”, sólo lo elemental pata que con libertad cumplan con su misión, no vaya a ser que por cuidar sus cosas, por estar prodigándose bienes se olviden de la misión que tienen, nos olvidemos que estamos de camino y consideremos que nuestra meta sólo es este mundo material.

¿De qué valdría hartarnos en pan, tener la despensa llena, dinero en los bancos o en la lata escondida, si al final perdemos nuestra vida, nuestra dignidad para obtenerlo o mantenerlo? ¿Podrá al final servirnos todo esto?. Olvidarnos de nuestra meta  y de la misión que tenemos en este mundo, crea desorden.

Otra cosa que recomienda Jesús es no llevar dos túnicas. La túnica, la ropa revela generalmente cómo vivimos, incluso juzgamos y categorizamos desde ella, es el cómo nos presentamos. Jesús nos pide una sola túnica, un solo estilo de vida dentro y fuera de casa, es una llamada a la coherencia, a la honestidad, a la integridad, nos invita a ser personas de una sola pieza, no de doble vida. Sólo de esta forma nuestras palabras tienen autoridad tanto que hasta como los discípulos, se puede “expulsar demonios, sanar y proteger enfermos” y no al revés: expulsar enfermos, proteger demonios. El bien, la buena voluntad es creativa le basta poco, sólo un par de sandalias y un bastón. Sandalias para estar siempre dispuestos a salir en búsqueda del que nos necesita, pero también para que el polvo de la calle no se nos pegue a los pies. Un bastón que nos sostenga y nos defienda, estos son los principios, la recta intención, la fe. En ellos nos sostenemos y con ellos nos defendemos de las intrigas del mal.

Pero además de bastón y un par de sandalias el Señor prevé un compañero de camino un amigo, un hermano, no vaya a ser que solos nos desanimemos; Jesús los mandó de “dos en dos”, testimonio de comunidad, de trabajo en equipo, de unidad a pesar de las diferencias, no somos auto suficientes nos necesitamos para hacernos ver nuestros errores, para alentarnos en la caída, para festejar nuestros triunfos. Avancemos hermanos como lo que somos desde Dios: Hermanos, en estos tiempos tan difíciles donde todos dudamos de todos oremos a Dios para pedir luz y fuerza de voluntad, para que viendo el bien obremos conforme ella. Hoy más que nunca seamos los discípulos que Jesús pide y quiere, y que nuestra Patria lo necesita. Buen domingo.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 01 de julio del 2018

Domingo 01 de julio del 2018

Contigo hablo: Levántate

El evangelio de hoy deja en claro que nuestro Dios es un Dios de la vida, hoy se le ve actuando en favor de dos mujeres a quienes se les va yendo la vida. Una de ellas es una niña de apenas doce años, su padre Jairo va en búsqueda de Jesús, echado a sus pies le ruega que ponga sus manos sobre su hija para que se cure y viva. Jesucristo sin hacer de rogar camina con este afligido padre, lo acompaña en su dolor. En el trayecto, una mujer que lleva ya doce años enferma, que ha gastado todo su dinero buscando mejoría, pero sin lograr nada más que quedarse pobre, sale al encuentro del Señor. De incógnita y confundida entre la gente desea tocar aunque sea el borde del manto de Jesús, cree firmemente que eso bastará y así fue efectivamente, por eso Jesús sacándola del anonimato, de la mas, alaba su fe y le dice: “Mujer tu fe te ha sanado”.

Para el Señor no somos uno más de la estadística, él se interesa por cada uno de nosotros, está atento a cuanto nos pasa; aunque de prisa va camino a la casa de Jairo, está atento a lo que  le circunda, oye cuanto dicen algunos al jefe de la sinagoga “tu hija ya murió, ya no hay razón de molestar al Maestro”. Jesús ante esta triste noticia y contra toda esperanza sostiene la fe de Jairo con un firme: “no temas, basta que tengas fe”. Llegando a su destino, encontró un ambiente de desesperanza, de alboroto de quienes lloran y se lamentan a gritos porque su lozanía se ha marchitado, para ellos no hay más nada que hacer, solo lamentarse, por eso incluso se burlan de Jesús cuando les dice “la niña no está muerta sino dormida”. Sin amilanarse por la burla pide que todos se retiren, junto con los padres de la niña y algunos discípulos, van donde aquella que para muchos es solo una esperanza muerta. Toma la mano de la niña y le dice: “Talitha qum” que quiere decir: “contigo niña hablo: levántate”. Inmediatamente se levantó la niña y ante la admiración de todos comenzó a caminar. A los padres les encomienda que dieran de comer a la niña.

¿En qué se te va yendo la vida gota a gota como la mujer enferma? ¿Qué te tiene postrado como la niña? Contra toda esperanza, también a ti y a mi el Señor nos dice: “Levántate”, sal del llanto angustioso, de lo que va acabando tu vida, tu dinero, tu familia. “Levántate” de las burlas, de ese vicio, de ese rencor. “Levántate, yo te tomo de la mano, pero es preciso que tu quieras hacerlo”. Todos aguardamos esto para ti, especialmente tus más cercanos. No te hagas el distraído(a) el Señor te dice: “Contigo hablo”.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 24 de Junio del 2018

Domingo 24 de Junio del 2018

JUAN ES SU NOMBRE

Hoy celebramos la fiesta de nacimiento de san Juan Bautista, “el único hombre – como dice el mismo Jesús- más grande nacido de mujer”, ya que nace con una misión específica: ser el precursor del Salvador Jesucristo, preparar el camino, disponer al pueblo llamado insistente a la conversión.

Juan Bautista es fruto de la súplica insistente y confiada de sus ancianos padres, es la respuesta de Dios, en efecto su nombre en hebreo significa: “gracia de Dios, don de Dios, misericordia de Dios”. De este don prodigioso todos fueron conscientes, la misma virgen María siendo la “bendita entre todas las mujeres” ofreció sus servicios a Isabel, su prima y madre de Juan el bautista, que de estéril está ya para dar a luz.

Juan el bautista expresa el paso del Antiguo al Nuevo testamento, paso que se realiza, como su nombre lo refiere, como expresión de la misericordia de Dios; así lo reconocerá también su anciano padre Zacarías, así lo cantará cuando después de nueve mese de mudez, de silencio por su duda en la acción omnipotente de Dios proclame: “El Señor ha realizad su misericordia que tuvo con nuestros padre, recordando su juramento”, es que nuestro Dios es fiel a su palabra, no lo dudes.

La grandeza de este niño, frágil como nosotros no radica en sí mismo sino en su relación con el Salvador, su mismo padre teniéndolo en brazos, dice de él: “a ti niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de los pecados”. Sin duda se trata del orgullo de un padre que ve favorecida su familia con la misericordia de Dios. Así canta el que estuvo en silencio, porque sólo en ella se puede escuchar al voz de Dios que tantas veces suplicamos, pero que desoímos por el bullicio y la prisa, solo quien calla y escucha es capaz de hablar con autoridad, comprobemos su efectividad en nuestra vida diaria, en la familia, en el trabajo. Nos dicen también el evangelio, que los vecinos y parientes sabiendo que el Señor le había hecho a Isabel una gran misericordia fueron a saludarla, llamaban al niño Zacarías como su padre, pero ambos padre expresan, oral y de manera escrita, que “Juan es su nombre”, para ellos y en especial para su padre, afirmar esto es casi un acto de fe, pues de su duda ahora sabe que este niño es: Don de Dios, así como lo es cada vida naciente.

La predicación muda de este niño, trae como  resultado que la vecindad propaga este prodigio de Dios y quienes oyen reflexionan: “¿Qué será este niño? pues la mando de Dios está en él”. Agradezcamos a Juan el Bautista por enseñarnos a reflexionar, a vivir entre vecinos, acojamos su invitación a la conversión  continua y hagamos de nuestra familia y barrio un lugar agradable donde convivir y valorar la vida de cada uno, donde Dios sea nuestra Buena Noticia.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 13 de Mayo del 2018

Domingo 13 de Mayo del 2018

FIESTA DE LA ASCENSIÓN

“Ellos salieron a predicar… colaborando el Señor con ellos” (San Marcos 16,15-20)

Hoy en toda la Iglesia estamos celebrando la Ascensión del Señor en cuerpo y alma al cielo. Pero ¿como celebrar la partida de alguien a quien tanto amamos y cuya presencia nos hace falta? ¿Cómo llamar a este acontecimiento una fiesta?

En medio de esta paradoja, la respuesta es aún más sorprendente: hoy es una fiesta porque nuestro Señor yéndose se queda, tal como lo testimonia el evangelio que hoy meditamos: “El Señor Señor Jesús después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios”, pero también dice: “Ellos (los apóstoles) salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con los signos que la acompañaban”. Como vemos nuestro Salvador, aun yéndose visiblemente a nuestros ojos, se queda entre nosotros, prueba de su presencia es su actuar en nuestro favor, colabora, es decir labora, trabaja con nosotros, el que no le veamos no significa que no esté.

Es una fiesta porque el Señor introduce nuestra humanidad frágil a su gloria eterna, de esa manera regresamos a la armonía perfecta e inicial que teníamos con Dios, de la que por la misma fragilidad humana nos alejamos, pero que hoy Jesucristo habiéndonos redimido y sin renunciar a la corporalidad asciende al Padre, en él -de alguna manera- ya gozamos nosotros del futuro  que nos espera en cuerpo y alma.

Es una fiesta porque es el tiempo de la madures de la fe. No obstante nuestras fragilidades y limitaciones, bien conocidas por nuestro Dios, él confía en nosotros y nos encomienda su misión misma: “vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación”. Qué fortaleza saber que Dios confía en nosotros, que no nos descarta por nuestra poca fe. Nos invita a dar a conocer la buena noticia que es Él, darlo a conocer con la valentía y la confianza de que está siempre con nosotros aunque no lo veamos, muchos signos realizará confirmando a sus discípulos, nosotros anunciemos la palabra. El Señor nos ha enseñado, ahora nos toca a nosotros, pero siempre con Él.

En esta fiesta de la Ascensión, que nos habla de una partida presente y prodigiosa del Señor, encomendemos a todas las madres del mundo que nos acompañan en nuestro diarios caminar hacia Dios, y también a aquellas que no obstante ya partieron a la Casa del Padre, permanecen presente y junto a nosotros alentándonos a llegar a la meta. ¡Feliz día de la Ascensión del Señor! ¡Feliz Día de la Madre!

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 06 de Mayo del 2018

Domingo 06 de Mayo del 2018

“QUE MI ALEGRÍA ESTÉ EN USTEDES”

El evangelio de hoy es la continuación del texto evangélico del domingo pasado que nos invitaba a estar en intima unión con Dios, como lo está la rama a la vid. Hoy profundiza este punto resaltando el mandamiento del amor que tiene su fuente en el amor del Padre: “como el Padre me amó también yo les he amado”, por ello debemos permanecer en ese amor.

Permanecer significa que ya somo parte de este misterio de amor tan inmerecido, la tarea es no salirnos de ella, e la mejor forma de permanecer será a través de los mandamientos: “si guardan mis mandamientos permanecen en mi amor”, esto cambia la visión que tenemos de los mandamientos, en vez de verla como normas frías verlas ahora como expresión de un amor que quiere nuestro bien. Se trata de entrar en la lógica del amor del Padre al Hijo, la lógica de donar la vida como el pastor por sus ovejas. Ser parte de este amor y permanecer en el es estar unido a la vid que es Dios, fuente de vida que hace surgir alegría y gozo interior: “les he dicho esto para que mi gozo esté entre ustedes y ese gozo sea pleno”.

Dios con los mandamientos nos llama a la alegría nos hace ver que la base de todos ellos es el amor, por eso lo resume en: “ámense los unos a los otros como yo los he amado”, nadie tendrá mayor amor que él, pues él dio su vida y resucitó por nosotros. Permanecer en el Señor es de valientes, es afrontar las dificultades con la certeza de que Dios es fiel y fuente de alegría, bebamos de ella para llevarlo luego a la familia, a los amigos, al trabajo, etc.

Permanecer en su amor es también permanecer en su forma de amar: hasta dar la vida en cada detalle y lo cotidiano, con el esfuerzo y la exigencia que ella requiere; es hacer bien lo que me corresponde hacer, buscando el bien del otro. Quien no permanece en esta forma de amar se cierra en sí mismo y sus actos solo producen tristeza, miedo ¿quieres saber cuál es la dimensión de tu amor? cae en cuenta qué produce tu actitud a tu alrededor.

Practicar los mandamientos no nos hace siervos sino amigos: “lo que les mando es esto que se amen unos a otros” desde la gratitud con el que Dios nos ama, desde la generosidad de dar la vida minuto a minuto con la confianza de que es Dios quien nos ha elegido así como somos para qué permaneciendo en el amor amemos como Él. Ruega al Señor para que rompa las barreras que le pones y te dé la valentía de dejarte amar así como eres para amar al otro desde Dios.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 29 de Abril del 2018

Domingo 29 de Abril del 2018

“TÚ EN MÍ Y YO EN TI”

Te has preguntado ¿por qué me esfuerzo tanto y no logro nada o logro poco?, hoy el Señor te da la respuesta: “separados de mí no pueden hacer nada.” Así como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco ustedes si no permanecen en mí. Yo soy la vid; ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto” a mi modo no lanzamos a conducir nuestra vida a nuestro antojo con el pretexto de libertad. Al final decepciones, fracasos que terminan desanimándonos, desgajándonos del árbol de la vida, ramas secas por querer vivir sin la savia que nos alimenta y sostiene. “Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden”, pero con un fuego superficial que acaba pronto.

Dios, que sabe lo que es mejor para nosotros, nos pide: “Permanezcan en mi”, se trata de una actitud constante que no quiere decir estar rezando todo el día sino sobre todo en el de conformar nuestra vida acorde a las exigencias del evangelio, por ello requiere “escuchar”, para saber qué es lo mejor para cada momento, supone espacios y tiempos específicos de oración, de meditación de la palabra de Dios, de celebrar los sacramentos, con la finalidad de dar gloria a Dios “dando muchos frutos y siendo sus discípulos”. Esto no es una realidad acabada con un solo acto, es una tarea de cada día que solo no podemos, para dar fruto se tiene que estar unido al árbol, así, para ser discípulo se tiene que estar muy unido al Maestro, entonces nuestros frutos serán con sabor a Dios.

Permanecer habla también de perseverancia, de fidelidad, no obstante todo, aun lo poda, la purificación de lo que no sirve, para dar más y mejor fruto, no te sorprendas cuando procurando estar muy unido a Dios experimentas dificultades o dolor, confía es tiempo de poda, es el Padre el viñador y sabe lo que hace: “Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto”, pero estate también alerta, no vaya ser ello fruto de la desidia. Por último, hay una promesa: “si permanecer en mí -y no solo junto a él-, y mis palabras permanecen en ustedes -como savia vital-. Pidan lo que quieran y lo conseguirán”, nos dice el Señor. No permitas Señor que jamás me separe de ti, que por mis venas no corra el odio, el egoísmo, ni la ambición, sino tu amor misericordioso para dar frutos de bien.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 22 de Abril del 2018

Domingo 22 de Abril del 2018

“NADIE ME QUITA LA VIDA, YO LA DOY”

Hoy, Jesucristo se presenta a sí mismo no como un pastor bueno, sino como el Buen Pastor, dispuesto a dar la vida por nosotros, sus ovejas; esto no es rebajarnos a una categoría inferior, sino un hablar figurativamente, recordemos que de Jesucristo se dice también que es el Cordero de Dios. Entonces, nuestro Cordero es también nuestro Pastor, quizá por eso hay un vínculo tal que Jesús afirma: “Conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí”, este conocer va más allá de saber el nombre, conocer el rostro, etc., que puede quedar en lo superficial, expresa amistad, pertenencia, reciprocidad. Por dos veces Jesús exclama con decisión: “Yo doy mi vida por las ovejas”, y así lo hizo efectivamente la tarde del viernes santo, por eso es el Buen Pastor.

El simple hecho de tener ovejas no hace al pastor, no es el cargo o la responsabilidad asumida porque ya, lo hace que seamos pastores, Jesucristo lo deja claro: el asalariado (el que obra por un sueldo, por un beneficio y nada más) no es pastor,  las ovejas no le pertenecen, por eso cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, le interesa solo lo suyo, su bienestar aún a costa de quienes dependen de él. Con la familia, con los amigos, con los vecinos, con las diferentes personas y responsabilidades a nuestro cargo ¿actuamos como pastores o mercenarios? Al asalariado “no le importan nada las ovejas”. La indiferencia es una forma de matar lentamente, es dejar a “las ovejas” a su suerte.

Cuántos en nuestra sociedad son fruto de este abandono, del huir de nuestras responsabilidades. Entonces, llega el lobo “hace presa de las ovejas y las dispersa”. Mientras que Dios quiere la unidad, la dispersión es otro estrago que causa el lobo en un rebaño sin pastor, cada uno por su lado, expuestos a todo peligro. Si te das cuenta que en casa, en el trabajo, en el colegio, en la parroquia cada uno va por su lado, es signo de que hay que mejorar como pastores, pero también de que no estamos siendo buenas ‘ovejas’ del Señor, dóciles, atentos a su voz, a su ejemplo de libertad y donación: “Nadie me quita la vida yo la doy voluntariamente.”

La tarea no es fácil, por ello pide que el Señor te ayude a ser buena oveja y buen pastor. Roguemos que el Señor nos bendiga con buenos y santos pastores en la familias, en la sociedad, en la Iglesia. Especialmente hoy unámonos a la Jornada Mundial de oración por las vocaciones, caminemos juntos hacia el único rebaño cuyo único Pastor es el Señor.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 15 de Abril del 2018

Domingo 15 de Abril del 2018

MIREN, TOQUEN, COMAN

“Donde hay dos o más reunidos en mi nombre ahí estoy yo” dijo Jesús, y los primeros en constatarlo fueron los discípulos que tras la resurrección del Señor y sus diversas apariciones, se reúnen a compartir las  diferentes experiencias de la presencia del Señor en sus vida, entonces el Maestro, se presentó en medio de ellos y le dijo: “La paz con ustedes”. Los pobres discípulos, creyendo que era un fantasma se sobresaltan y asustan. “Pero él les dijo: ¿Por qué se asustan? ¿Por qué surgen dudas en su interior?”. ¿Qué respuesta le darías tú? Jesús para curar su miedo les pide: “Miren mis manos y mis pies; soy yo mismo”. Mirar las señales de la crucifixión, del trágico momento ya superado, es sanador pues el que vieron morir está ahora delante de ellos glorioso, triunfante, pidiendo ser saludado con cariño, como a quien volvió de un largo viaje: “Tóquenme y dense cuenta que un fantasma no tiene carne y huesos como ven que yo tengo.”

Nuestro Salvador es real, no invención teórica, ni historia del pasado, es de carne y hueso como nosotros. “Como no acaban de creérselo a causa de la alegría y el asombro, les dijo: <¿Tienen aquí algo de comer?”, para curar la duda come con sus discípulos, en cada Eucaristía hacemos especial experiencia de Jesús resucitado, experimentamos su presencia viva, lo miramos, lo tocamos, lo comemos. Nosotros le ofrecemos “un trozo de pescado asado”, lo que tenemos, el fruto del trabajo cotidiano, que Jesucristo lo recibe con agrado “lo tomó y comió delante de ellos”. Entra en nuestra vida concreta, comparte tu día con sus preocupaciones y alegrías, no quedó reducido a la hora dominical, sino que recibió de ella la luz que ilumina toda la semana, con su palabra nos abre la inteligencia -cerrada a veces por las experiencias dolorosas-, y nos ayuda a entender lo que hizo por nosotros: “el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día”, conoce la debilidad, lo ha experimentado, y ha vencido, es nos da esperanza de vencer con él toda duda, temor, cobardía.

Una vez experimentado su presencia salvadora, nos pide darlo a conocer, invitar a la conversión empezando desde casa.  El cambio de vida es la mejor predicación, lo que da fuerza a nuestra palabra y su fruto es la paz. Esto es celebrar la Pascua, pasar de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad, del pecado a la santidad, contando con la presencia continua del Señor, a quien decimos: ábreme Señor la inteligencia del corazón, ya que sé mucho, pero poco cala en mi vida, que te experimente cercano y hable de ti a los míos.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 08 de abril del 2018

Domingo 08 de abril del 2018

MI SEÑOR, MI DIOS

Nos encontramos en el segundo Domingo de Pascua, domingo en el que se celebra al Señor de la Divina Misericordia, que no es otro que Nuestro Señor Jesucristo, crucificado y Resucitado, que se manifiesta siempre infinitamente misericordioso, con nuestra incredulidad, fragilidad y miseria. En efecto, luego de aparecerse muy temprano a la Magdalena y haberla consolado. Ahora “al atardecer” se pareció a los discípulos que estaban con las “puertas cerradas con miedo a los judíos”, se presentó en medio de ellos y les da el primer fruto de su resurrección: “La paz con ustedes”. Luego les mostró las manos y el costado, no para reprocharles o pedir cuenta, sino para decirles: Soy el mismo que vieron morir, pero he vencido a la muerte.

Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor, pero no estaba Tomás, llamado el mellizo y cuando llegó le dijeron contentos: “hemos visto al Señor”. Pero para él esta noticia era demasiado buena para ser verdad, se resiste a creer, se aísla, condiciona su fe: <Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré>. Y en algo tiene razón, sino experimentamos en primera persona la presencia de Dios, su acción en nuestras vidas, difícilmente caeremos rendidos a sus pies.

“Ocho días después”,  Dios infinitamente paciente se hace cercano a Tomás y le tiende las manos, no le juzga sino mas bien le anima: “No seas incrédulo, sino creyente”, entonces el incrédulo, hace un acto de fe tan grande que jamás haya hecho alguien hasta entonces: “Señor mío y Dios mío”, lo reconoce como Dios, como “su Dios y su Señor”, aquel que le da razón a su existir, no obstante la experiencia dolorosa de saberse pecador, sabe que puede fiarse de él, confiar en él, porque su misericordia es eterna.

Tomás, era llamado el “mellizo” aunque no se dice de quien, quizá tuyo y mío que compartimos con él el duro camino de la fe, pero que guarda una promesa: “Dichosos los que crean sin haber visto”, entre ellos estamos nosotros, alegrémonos y a la vez roguemos al Señor que abra nuestros corazones cerrados por tantos miedos, miedo al compromiso, al que dirán. Pídele que tu Espíritu Santo te renueve, te colme de su paz, y te capacite para el perdón, que no es fácil, por eso dile con fe: ¡Jesús en Ti confío!

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 25 de Marzo del 2018

Domingo 25 de Marzo del 2018

TODO ESTA CUMPLIDO

Iniciamos hoy la gran Semana Santa, y lo hacemos acompañando a Jesús desde su entrada triunfal a Jerusalén, más conocida como Domingo de Ramos,Jesús entra cabalgando un pequeños burrito, un pollino, signo de poder, entra triunfante, aclamado el rey cuya corona será de espinas, cuyo cetro será una caña y su silla real una cruz. Entra decidido a llevar al culmen todo lo que fiera necesario por amor nuestro, por nuestra salvación.

Será una semana muy cargada, llena de acontecimientos que el evangelio de San Marcos ya nos los presenta hoy en su relato,meditando atentamente nos encontraremos con quienes traman arrestarlo y darle muerte, acudir a la mentira para ello no es problema; recibe agradecido, como anticipo de su sepultura la unción que una mujer valiente le ofrece en Betania, aunque otros critiquen este detalle.Nos encontraremos con Judas que traiciona y vende a su Maestro por treinta monedas, con la intolerancia de los sumos sacerdotes, fariseo que no saben ya como deshacerse de él. No obstante a ello, Jesucristo sigue dando muestras de su amor por nosotros, celebra son los suyos la cena pascual, donde nos ofrece el pan como su cuerpo el vino como su sangre. Mientras otros traman su muerte, él sella la nueva y eterna alianza con toda la humanidad por quienes ofrece su vida. Mas, los convidados parecen no haber entendido mucho o nada, lo acompañan a orar pero apenas vienen a tomarlo preso huyen despavoridos, ¿dónde quedó el: yo no te abandonaré nunca de Pedro?, se lo recordará el canto del gallo cuando ya tres veces haya negado conocer a su Maestro. Arrestado, condenado a partir de testimonios falsos, hecho el hazme reír de los soldados que lo disfrazan de rey, vendándole los ojos le golpeaban y quieren que adivine quien le pegó, como si no lo supiera él que todo lo ve y penetra nuestras conciencias…

Preferido el asesino y terrorista Barrabás por la turba impetuosa, el inocente carga con la cruz de nuestros pecados, en silencio con paso firme, lentamente avanza, cae, se levanta… por ti, por mi… llega a la cruz exhausto, le tiran el traje rasgado y bañado de sangre para crucificar y exponer a la vergüenza su cuerpo santo, levantado en alto puede ver la ciudad, la gente… si fuéramos nosotros diríamos me lo pagarán… pero de sus labios resecos, sale una súplica que el solo oírla es para llorar: “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen”, ofrece el reino de los cielos al ladrón arrepentido, con la paz de haber cumplido todo entrega al Padre su último aliento.

Al iniciar esta Semana Santa, ubiquémonos en cada escenario, no seamos simples espectadores, vivamos con Jesús su pasión, con cual de todos ellos me identifico, ¿dónde estoy yo, mientras el Señor está dando su vida por mí?

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 18 de Marzo del 2018

Domingo 18 de Marzo del 2018

QUEREMOS VER A JESÚS

(Juan 12,20-33)

El Evangelio de este día parte como una súplica sorprendente: <Señor, queremos ver a Jesús.> sorprende porque estos buscadores de Dios no son judíos sino griegos, se dirigen a Felipe, quien a su vez se lo comenta a Andrés y ambos discípulos van a decírselo a Jesús. Qué bueno contar siempre con amigo sincero, que puede orientarte y juntos dirigirse al Señor y presentar sus necesidades, qué bueno ser para los demás orientación y guía desde el testimonio de un encuentro con el Señor que ha cambiado nuestras vidas.

Pero el Maestro no recibe a estos griegos con un “Bienvenidos”, sino revelándoles las exigencias que trae el seguirle: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto”. Es decir, les invita a salir de sí mismos y donarse al servicio de los demás aunque esto aparente una pérdida o mala inversión. Hay que morir para vivir, pero si la semilla, si el grano de trigo se negara a descomponerse por no querer perder su apariencia, ella misma estaría trazando su final: “El que ama su vida la pierde”, dice el Señor; naturalmente no es menospreciar la vida que tenemos, sino amarla ordenadamente, haciendo de nuestro vivir un vivir para Dios y para los demás, no para nuestros intereses mezquinos que nos aíslan, que nos hace quedar solos en aparente ventaja frente a los demás pero que a la larga sólo nos destruye.

El Señor nos pide seguir su ejemplo de donación hasta el extremos “Si alguno me sirve, que siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.”, este es nuestro premio. Y para que todo esto no quede en teoría, el Señor, aun con el alma turbada, dolida, pues siendo Dios es también humano como nosotros, asume “su hora” hasta las últimas consecuencias, y lo hace por ti y por mí. De este modo, elevado en la cruz, nos atrae  hacia Él.

Correspondamos a su amor con el corazón orientado hacia Él, de tal manera que podamos indicar a los demás el camino que conduce hacia Él; y si nos falta fuerzas, supliquemos con humildad: atráeme a ti Señor Jesús, mis pasos se van fuera de ti,mis ojos se fascinan con la efímera belleza de las cosas. Atráeme a ti, hazme volver, quiero verte.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 11 de Marzo del 2018

Domingo 11 de Marzo del 2018

DOMINGO DE LAETARE

“El que obra la verdad, va a la luz” (Juan 3,14-21)

El evangelio de hoy nos presenta la razón fundamental de nuestra esperanza: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”, y ésta es la causa de nuestra alegría, por eso a este cuarto Domingo de Cuaresma se le llama Domingo de Laetare, de la Alegría.

Pero en nuestro mundo lleno de tristezas y desconfianzas, donde en la práctica se rechaza incluso a Dios y su enseñanza, ¿vale hablar todavía de alegría?, Sí, porque lo esencial del cristianismo no está en que uno ame a Dios  sino en que solos amados por él, y nos ama al punto de entregarnos a su Hijo, qué donación de amor más grande que ni mira el dolos, Jesucristo va a la Cruz por amor y nos salva por excelencia de su amor no obstante la sangre, su corazón sigue diciendo “he venido para salvar el mundo y no para juzgarlo”.

Por eso el evangelio nos invita a levantar la mirada y encontrar en él nuestra salud, nuestra felicidad (no sinónimo de ausencia de problemas), buscarla sólo aquí en las realidades terrenas sin afinar la mirada de fe nos “roba la esperanza”; en Jesucristo encontramos el antídoto a tantas situaciones y experiencias que envenena nuestra vida y nos quitan la paz, como los israelitas que mordidos por las serpientes se curaban al mirar la serpiente de bronce que hiciera Moisés por mandato divino, para que “todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”. Cuando aparentemente no hay nada que esperar, levantando la mirada se puede encontrar otras salidas en Dios.

El amor de Dios es siempre fiel, continúa amando al mundo, continua amándote aunque lo rechaces. ¿Quieres levantar la mirada, quieres corresponder a su amor gratuito? Recuerda: “El que cree en él, no es juzgado”. “El juicio está en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”. Lógicamente “quien obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.”

Estamos ya a más de la mitad de la Cuaresma, la alegría de celebrar los misterios de nuestra salvación está próxima, acércate hermano(a) a la luz: Jesucristo, Él puede limpiarte de todo tipo de veneno que te hace sufrir, abandona las tinieblas del mal en Dios una nueva alternativa, Dios Padre ha dado a su Hijo para que tú no perezcas.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 04 de Marzo del 2018

Domingo 04 de Marzo del 2018

QUITEN ESTO DE AQUÍ

Jesús sube al Templo, a la casa de Dios, pero -con gran sorpresa- la encuentra hecha un mercado, los vendedores gritan y ofrecen animales para el sacrificio, los cambistas están sentados, bien alojados; todo parece una armonía perfecta, a nadie le cuestiona esta situación, se acostumbraron a ver así al Templo; pero para Jesús que ve el fondo del alma, esto revela toda una contradicción con la verdadera expresión de la fe, por ello hace un látigo con las cuerdas y echa a todos fuera del templo , con voz firme dice: “quiten esto de aquí, no hagan de la casa de mi Padre un mercado.”

Con esto nos invita a superar la religiosidad vista como mercado, en el que uno da para recibir algo a cambio, no tanto basado en el amor sino en lo que se hace exteriormente sin adhesión del corazón, de la vida al mensaje de Dios.

Llegando incluso a mesclar la expresión de la fe con acciones que la contradicen bajo el pretexto de “así es mi fe, déjennos celebrar así”, terminando en peleas y problemas. Jesús nos invita hoy a fijarnos en lo esencial y purificar  las expresiones de nuestra fe, lógicamente esto será el reflejo de una purificación interior.

Cada uno somos “templo de Dios”, ¿es también un “mercado” nuestro interior, donde hay de todo y se consciente todo? Si Jesús te dijera “quita esto de aquí, de tu vida” ¿que sería aquello que deberías quitar primero? ¿Hay en tu vida realidades, pensamientos, sentimientos intenciones que van carcomiéndote por dentro, qué merecerían aquellas palabras fuertes de Jesús? Tu relación con Dios ¿es una relación mercantil: Señor te ofrezco esto pero a cambio tú dame lo que te pido…? Sin duda será más fácil señalar a otros  y lo que debe cambiar, pero veamos nuestro propio templo, teniendo en cuenta que puede entrar en ruina si no es verdaderamente casa de oración.

Frente al actuar purificador de Jesús muchos reclamaron su proceder y la autoridad con el que actúa así: “¿Qué signo nos muestras para obrar así?” Jesús respondió: “Destruyan este santuario y en tres días lo levantaré”, habla del santuario de su cuerpo, que será ofrecido en la cruz y glorificado en su resurrección, él es nuestra salvación, no ha liberado para ser libres, a él llegamos con el arrepentimiento y el servicio.

El Evangelio termina dejando constancia que Jesús: “conocía lo que hay en el hombre”. El Señor sabe cómo somos, esto es nuestra esperanza y confianza, pues conoce nuestros temores y fragilidades, por eso dejémonos corregir por él para hacer de nuestra vida un culto agradable a Dios, acudamos a él como hijos y no como deudores.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 25 de Febrero del 2018

Domingo 25 de Febrero del 2018

AGUDICEMOS EL OÍDO

<<Tras las nubes se oye una voz>> (San Marcos 9,2-10)

En este segundo domingo de cuaresma el evangelio nos narra el acontecimiento de la transfiguración de nuestro Señor Jesucristo, cuyos testigos fueron los apóstoles Santiago, Juan y Pedro a quienes el Señor mismo escogió para tal evento magnífico así como luego para acompañarlo en la noche de su agonía, que será todo un contraste.

Hoy el ambiente es de fiesta, hasta el traje de Jesús se “volvieron resplandecientes, muy blancos, ninguno en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo” la presencia del Padres se hace evidente con aquella voz que oyen:

“Este es mi Hijo amado, escuchadle.” En cambio, en  la terrible noche del jueves santo el ambiente es de la agonía, sus trajes bañados del sudor de sangre y la presencia del Padre parece ausente, tanto que hasta por tres veces suplicará lo mismo…

Con estas dos realidades, tanto a los apóstoles como a nosotros el Señor nos educa para la cruz, pues ambas experiencias guardan estrecha relación: en la Transfiguración, Jesús aparece hablando con Moisés y Elías de sus Pasión y Muerte.

El camino de la gloria pasa por la cruz. Vencer sin luchar, ganar sin esfuerzo, es la tentación actual, lo deslumbrante nos cautiva, la apariencia nos preocupa y juzgamos según ella sin profundizar en su contenido, somos como Pedro que asombrado dice a Jesús: “Maestro, qué bueno es estar aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”; realmente “no sabía qué responder ya que estaban atemorizados”. Sin lugar a duda el temor ciega, y nos hace decir y obrar cosas sin sentido, entonces nos cubre una nube como a los apóstoles, y desesperamos al no ver con claridad la salida de una u otra situación que nos abruma y preocupa, nos sentimos hundir y ni siquiera recordamos los momentos en el que el Señor nos sostuvo. Pero tras las nubes, se oye una voz: “Este es mi Hijo amado, escúchenlo. Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos”. De esto se trata, confiar que tras las nubes está la Luz: Jesucristo, que nos dice: yo llevo la cruz por ti, y ella no tienen la última palabra, pero es el paso para la gloria, para la resurrección, para la dicha de la Pascua.

El eje de este paso decisivo está en el “escuchar al Señor”, frente a un: Dios no me escucha, con que nos dejamos, está la constante voz del Señor que dice: Escúchame hijo(a).

En este tiempo de Cuaresma agudicemos el oído para escuchar al Señor, conocer su voluntad, amarla y cumplirla, no en vano nos dice el salmo: ojalá escuches hoy la voz del Señor, y no endurezcas el corazón (Salmo 94).

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Mensaje con Motivo de la Cuaresma 2018

Mensaje con Motivo de la Cuaresma 2018

MENSAJE CON MOTIVO DE LA CUARESMA 2018

“RECUERDA, SEÑOR, QUE TU TERNURA Y TU MISERICORDIA SON ETERNAS”

(Sal. 24, 6)

Queridos hermanos y hermanas:

Demos gracias a Dios, rico en misericordia, que nos permite prepararnos a la Pascua de su Hijo, Redentor del hombre, recorriendo nuestra propia historia de la salvación, inspirados en la Cuaresma como tiempo y espacio decisivos para un “reencuentro” con Cristo, quién nos ofrece su perdón y nos invita a la reconciliación con Dios, con los hermanos y con la creación, expresión de su amor y omnipotencia.

Podemos afirmar, por tanto, qué llegado este tiempo, los cristianos somos invitados a vivir la Santa Cuaresma con disposición renovada, diferente, más profunda en relación a los años anteriores, pues, con la ayuda divina, año tras año, podemos profundizar en la inteligencia del misterio de nuestra salvación que este tiempo nos ofrece. El mensaje de conversión siempre es nuevo e infinito como para pensar que ya lo hemos agotado, comprendido y hecho nuestro; pues si fuera así, la Iglesia, no nos invitaría todos los años a pasar por este tiempo de conversión.Entonces, si el Señor nos ofrece su amistad y su perdón –mensaje central de la Cuaresma-, cada uno debe iniciar este volver a Dios con un corazón contrito y humilde como nos dice el Salmo 50. Se entiende ahora, porqué desde el primer día de la Cuaresma la Iglesia nos dice qué: “Si hoy escuchas su voz no endurezcas tu corazón” (Sal. 94,8)

La Santa Cuaresma culmina y se transforma en la Pascua de Cristo, porque ambas forman un todo, una sola estructura compuesta por noventa días que se inicia con el signo penitencial de la imposición de las cenizas y culmina con el envío del Espíritu Santo, donde por la fuerza del Paráclito nacerá la Iglesia. La Cuaresma tiene su propia temática en orden a la celebración de la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte. La Pascua nos hace vivir en plenitud la Gracia otorgada por Cristo que se ha inmolado en la Cruz por nuestros pecados y ha salido victorioso de la tumba. Los acontecimientos salvíficos que implican estos dos tiempos de la liturgia cristiana nos abre las puertas a una conversión interior que nos permite transformarnos en criaturas renovadas. San Pablo le llama a este misterio obrado por Jesucristo: “El hombre nuevo” (II Cor. 5,17). De este modo cada año que iniciamos el camino cuaresmal hacia la Pascua, lo hacemos de un modo distinto pues nuestra respuesta no es siempre la misma.

¿A QUÉ NOS LLEVA LA CUARESMA?

Como decíamos, la Cuaresma nos conduce a vivir la Pascua del Señor con la ayuda de tres momentos y estos son:

  1. Morir al pecado y a las seducciones del mundo que nos reduce a ser mundanos, despersonalizados, con el riesgo de olvidarnos de nuestra misma esencia de cristianos.
  2. Identificarnos con Cristo, pasando por su Pasión y Cruz a la gloria de la resurrección, y así celebrar con Jesucristo que vive eternamente el nacimiento a la vida nueva.
  3. Vivir como discípulo del Resucitado anunciando la Buena noticia de la salvación con el testimonio de una vida que ha sido elevada a la condición de Hijo de Dios por el Hijo.

Podemos ahora entender mejor la importancia que tiene para la comunidad cristiana el vivir con responsabilidad y madurez de fe los cuarenta días de este tiempo litúrgico que evocan los cuarenta días de ayuno del Señor en el desierto, los cuarenta días del diluvio, los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto camino a la tierra prometida, y los cuarenta días en que Jonás predicó la penitencia en Nínive. Esto nos habla de un itinerario cuaresmal, se convierte en un signo sagrado, a través del cual Dios nos habla, nos invita a la purificación del corazón, a recorrer nuestro propio desierto donde afrontaremos la tentación del maligno que nos quiere inducir a ser idólatras a tener una vida totalmente alejada de Dios. El Santo Padre Francisco en su Mensaje para la Cuaresma de este año nos dice que:

“Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, signo sacramental de nuestra conversión, que anuncia y realiza la posibilidad de volver a Dios con todo el corazón y con toda la vida”

Francisco habla de que la Cuaresma es un “signo sacramental” de nuestra conversión, se dispone a ser un signo de lo sagrado, un “sacramento del tiempo”. Así lo reza la oración colecta del primer Domingo de Cuaresma:

“Dios todopoderoso, por medio de las prácticas anuales del sacramento cuaresmal concédenos progresar en el conocimiento de Cristo, y conseguir sus frutos con una conducta digna”

He aquí una propuesta de la Santa Madre Iglesia hecha súplica que me permite reflexionar con Ustedes, mis queridos hermanos y hermanas, cómo debemos concretar nuestro caminar para este año que Dios nos regala. En primer lugar, nos habla de las prácticas cuaresmales, ¿cuáles son éstas?  Es el trinomio: Oración, Limosna y Ayuno que el texto evangélico de Mateo nos recuerda que Jesús enseñó a sus discípulos: “Cuándo hagas limosna (…), cuándo ores (…), cuando ayunes; hazlo con sinceridad de corazón y no cómo los hipócritas” (Mt. 6,1 y ss). La familia cristiana está llamada a reflexionar, personal y comunitariamente, sobre esta invitación que nos hace el Maestro y la advertencia para que sea grata a Dios. El Papa Francisco nos explica el modo de vivir estas prácticas evangélicas:

“El Hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo de Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida. El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia (…) El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre” (Mensaje por la Cuaresma 2018).

Invito a que cada uno de nosotros apliquemos y concretemos lo que nos dice el Papa; pues todos podemos sacar propósitos concretos, por ejemplo:

ORACIÓN

¿Cómo podemos mejorar en la calidad e intensidad de nuestra vida de oración? ¿Nos contentamos con los rezos que hacemos de manera rutinaria y monótona? ¿Nos justificamos con mucha facilidad de qué no tenemos tiempo para hablar con Dios –que eso es la Oración-¿Tengo poco contacto con la Palabra de Dios, o no la medito; me resisto a qué Dios me hable por medio de la Sagrada Escritura por miedo a reconocerme de verdad cómo soy? ¿Llevo a la oración mis hermanos, intercedo por ellos ante Jesús, o sólo me limito a pedirle favores para mí?

AYUNO Y PENITENCIA

Con respecto al ayuno y a la penitencia como expiación de nuestros pecados y desagravio por las ofensas que cometemos a Dios cada vez que ofendemos a los hermanos y degradamos su dignidad de personas y de hijos de Dios cuando los utilizamos como simples objetos de la cultura actual del descarte;¿aceptamos a través de esta práctica la lucha contra nuestros defectos y apetitos desordenados que nos inducen a ser personas egoístas y caprichosas? El trabajo personal y colectivo por ser personas y miembros de una sociedad: civil y eclesial, que refleja la calidad de sus integrantes, nos invita a tener dominio de nosotros mismos, apelando a la responsabilidad personal y que, obviamente, no se reduce a la abstinencia de alimentos, sino que tiene que ser llevado a un contexto mucho más amplio y trascendental, como sería el ayuno del hombre viejo. El ayuno del pecado. La renuncia a los propios diseños de vida para abrazar el Plan salvífico que Cristo nos ofrece.

Por ello preguntémonos: ¿sí soy capaz de privarme de un plato de comida, pero no de privarme de mis rencores, de mis odios, de mis deseos de venganza, de mis tiempos que no los comparto con los demás, de mis gustos personales, los cuales no los antepongo a las necesidades de mis hermanos, verdaderamente ese es el ayuno que Dios me pide?

La renovación interior debe estar acompañada por una austeridad exterior, expresión de nuestro desprendimiento interior. La “muerte al pecado” se puede enfrentar con pequeños sacrificios de cada instante, el Señor no nos pide, de ordinario, grandes sacrificios y desprendimientos, al contrario, lo que el Señor Jesús nos pide es que luchemos por ser responsables en nuestras obligaciones, en ser puntuales, en luchar contra la pereza, en luchar contra la mediocridad que se expresa de muchas formas: a veces haciendo las cosas mala manera, otras esperando que nos estimulen con halagos o regalos, de lo contrario difícilmente haremos algo con visión sobrenatural. Curiosamente, el que no quiere renunciar a nada, por ser feliz y hacer feliz a los demás, se escandaliza con facilidad de qué la Iglesia siga proponiendo a sus hijos este tipo de prácticas para una auténtica conversión de vida.

Me atrevo a decir, que lo que más estorba hoy en día a un sano recogimiento y dominio de uno mismo, es el miedo al sacrificio, a renunciar a algo, o a uno mismo, por eso nos llenamos de propuestas efímeras y de palabrería. Termino este punto señalando que de muchas maneras podemos vivir el ayuno y la abstinencia, siempre y cuando valoremos la radicalidad de porque vivo esta ascesis en mi vida, y la respuesta válida y consistente será para que Cristo viva en mí y yo viva dispuesto a vivir por mis hermanos.

LA LIMOSNA

Por último, consideremos la práctica cristiana de la limosna. El Libro de Tobías dice:

“Da limosna de tus bienes, y no apartes tu rostro de ningún pobre; así conseguirás que tampoco de ti se aparte el rostro del Señor. Usa de misericordia con todas tus fuerzas. Si tienes mucho, da con abundancia; si poco, procura dar de buena gana aun lo poco; pues con eso te atesoras una gran recompensa para el día de la angustia. Porque la limosna libra de todo pecado y de la muerte. (Tob. 4, 7-12).

He aquí una invitación maravillosa para ser solidarios con los hermanos necesitados. En primer lugar, el Señor nos pide que vivamos la solidaridad con el necesitado lo cual siempre será actual y vigente; en segundo lugar la práctica de la limosna no se reduce en dar dinero o un plato de comida, sino principalmente, en salir de nosotros mismos para ir al encuentro del que me necesita de tan variadas formas, asistiéndolo en sus necesidades materiales y espirituales. Por otra parte, si la mendicidad en la calle nos provoca normalmente desconfianza, no por ello estamos justificados al cien por ciento, porque puede ser un escape a nuestra falta de generosidad y calificar a todos como unos timadores. Por ello, debemos plantearnos seriamente nuestra propia aportación a las acciones de servicio en favor de los necesitados, a través de las distintas entidades de caridad y solidaridad.

En nuestra Diócesis, por ejemplo, llevamos varios años empeñados en sacar adelante el Centro de Terapia para niños y adolescentes con habilidades mentales distintas, en la actualidad se atiende aproximadamente a más de cien niños; Dios mediante se iniciará la construcción de los edificios del Centro de Terapia. Pero no sólo eso, pues también la Diócesis se ha propuesto emprender el proyecto del Centro de Intermediación Laboral para personas adultas con discapacidad tronco inferior, no obstante, gozan de facultades para manejarse y poder obtener un oficio que les ayude a sostenerse y sostener a su familia. Por otra parte, la Caritas Diocesana, está abocada a manifestar la caridad de todos los cristianos en sus diversas actividades que ella fomenta e impulsa, como por ejemplo con los hermanos de la tercera edad, etc. Asimismo, urge impulsar en todas las parroquias el “Banco de Alimentos” con el cual la comunidad parroquial debería estar atendiendo a los más necesitados de su parroquia.

Como se observa por lo dicho, nuestro compromiso en este ámbito nos abre múltiples posibilidades. Quisiera hablar de una de ellas; yo la llamo “La Limosna de nuestro Tiempo”. Si con facilidad nos engañamos con el argumento de que no puedo aportar dinero al necesitado o a ciertas obras de misericordia porque yo también tengo gastos y a las justas me alcanza; pues es mayor nuestro engaño cuando se trata de dar, de “regalar nuestro tiempo”. ¡Qué difícil se nos hace!, ahí nos damos cuenta lo mezquinos que podemos ser y lo mucho que nos cuesta involucrarnos en la vida de los demás por temor a ser rechazados o incomprendidos. El Santo Padre Francisco en su visita que nos regaló a nuestro país nos dio un impresionante testimonio de dar la “limosna del tiempo”. Cuando llegó a nuestro país era evidente su cansancio, su agotamiento, más cuando se dirigía a la Nunciatura y en la medida que iba notando miles de personas que le saludaban y salían a su encuentro, el Papa se olvidó de su cansancio físico y se volcó y dio su tiempo, es decir: se dio el mismo. Eso es lo que nos pide Jesús y el Santo Padre, me atrevo a decir que lo ha aprendido del Maestro; Jesús, nos dicen los Evangelios, se cansaba, más cuando veía a la gente sentía compasión de ellas y comenzaba a enseñarles, a curarlas, porque estaban como ovejas sin pastor (Mt. 9,36).

Queridos hermanos y hermanas, convencido estoy que el cristiano, la cristiana superará su temor a entregarse, su egoísmo camuflado en cansancios y justificaciones tontas, en la medida que se deje transformar por el amor de Cristo y cargar con la Cruz que el Señor le ofrece sin remilgos, sin contemplaciones. Que dados estamos para compadecernos de nosotros mismos y que duros somos para tener compasión del hermano que nos necesita.

SUGERENCIAS PARA VIVIR MEJOR ESTE TIEMPO

Así como en los primeros inicios de la Iglesia, los catecúmenos eran preparados con esmero para la recepción del sacramento del Bautismo en la noche solemne de la Vigilia Pascual, del mismo modo ahora, nosotros los bautizados y miembros de la Iglesia, tenemos que hacer de la Cuaresma un tiempo de gracia y conversión permanentes. La Cuaresma nos recuerda que siempre el cristiano es un catecúmeno, es decir un iniciado, un fiel que no se considera un “cristiano adulto”, engreído, al contrario, apela a su condición de iniciado de “niño recién nacido para apetecer “la leche espiritual pura” (I Ped. 2,1). Sólo así vivimos la Cuaresma –tiempo de conversión, de cambio de mentalidad- para llegar a la Pascua con la confianza de que Cristo nos ha liberado del pecado. Convertirse significa dejarse mirar y salvar por Cristo.

El camino de la conversión propuesto para todos los creyentes consiste en vivir tres dimensiones de la vida evangélica y del discipulado.

  1. Vivir un camino de Fe que responda a las exigencias actuales

A veces, muchos hermanos y hermanas dan la impresión de que su crecimiento como personas y cristianos no ha sido armónico; me explico, cronológicamente han crecido, somáticamente también, pero en la fe se ha dado el fenómeno del “infantilismo espiritual”, son como “niñitos”, cristianos que no han crecido en su fe, pueden tener 20, 30 50, o 60 años, pero siguen siendo unos infantes en su fe, ésta no los sostiene en su vida diaria, aún más la han abandonado y se han convertido en críticos y disidentes de la fe y de la Iglesia. Ellos critican, cuestionan y denuncian los llamados “pecados de la Iglesia, los pecados de los “curas”, están a favor del aborto, no están de acuerdo de que la Iglesia no apruebe las uniones del mismo sexo, y así tantos reproches más que les lleva a alejarse de la fe y de la Iglesia. Considero que es un problema de nuestro tiempo, que lejos de escandalizarnos nos tiene que llevar a “dar razón de nuestra esperanza a quien nos los pida” como nos aconseja San Pedro (I Ped. 3,15)

Estos hermanos, lejos de criticarlos hay que acercarlos a esta Iglesia que es comparada por el Papa Francisco como un “hospital de campaña”, la Iglesia Madre, la Iglesia Maestra en la Fe, pero sobre todo la Iglesia Madre de Misericordia y juntos caminar, no por separados, asumiendo que la Iglesia, como familia, tiene tantos hijos y tan diversos que nos obliga a ayudarnos unos a otros. Digámosle a esos hermanos que su fe no los sostiene: “¿Y tú crees que yo estoy a favor de lo que tú denuncias? Seamos claros y transparentes comprendamos al pecador no justifiquemos el pecado. Debemos esforzarnos por ser auténticos cristianos siendo sostenidos por la Fe, para responder con el testimonio de vida a los retos y desafíos de este mundo que nos ha tocado vivir. La dimensión bautismal, es decir, vivir siempre en un catecumenado permanente, nos lleva a ser humildes servidores y atentos a escuchar lo que el señor nos pide.

Que en esta Cuaresma lleguemos a proponernos metas muy concretas de compromiso cristiano, que salgamos al frente de los desafíos que plantea hoy la Nueva Evangelización a los discípulos de Jesús; pero por ninguna razón excluirnos de ser cristianos auténticos y testigos veraces del Señor Resucitado.

      2.Vivir en una actitud permanente de escuchar la Palabra de Dios.

Un camino de fe tiene que tener siempre una referencia a la Palabra Divina que, en este caso, es la que la Liturgia cuaresmal ha preparado, tantos para los días de feria como para los cinco domingos de Cuaresma, y que nosotros la escuchamos y recibimos como creyentes, como iniciados, como si fuera la primera vez que entramos en contacto con aquellos textos sagrados. La cuidadosa selección de textos para este tiempo de renovación interior expresa con claridad la pedagogía de la Iglesia, cuya respuesta nuestra sería la de un mayor compromiso que nos lleve a una lectura personal diaria de los textos que han sido proclamados o, también, iniciar la rica experiencia de hacer en familia la Lectio Divina, por ejemplo, con los personajes bíblicos de la Cuaresma. San Gregorio Magno (590-604) solía afirmar que Dios dirige a su Iglesia con su Palabra y con el ejemplo de los santos.

Los personajes que presentan las lecturas de las Misas, sea diaria como dominical, aparecen como ejemplos de una enseñanza que se quiere transmitir, porque el mensaje que ofrece la Palabra de Dios tiene fuerza para transformar una vida, una sociedad, una cultura. Los personajes bíblicos en los ciclos de catequesis catecumenales de la Iglesia primitiva se centran, por ejemplo, en la Samaritana, el Ciego de nacimiento, Lázaro, etc. Un personaje bíblico ayuda a entrar en la trama entre la voluntad de Dios y la voluntad del hombre, en su encuentro o desencuentro, en el cambio de mentalidad y de comportamiento que exige la Palabra de Dios; piénsese en el profeta Jonás, o en Moisés, que es elegido para sacar al pueblo de Israel de una esclavitud que duró cuatrocientos años.

De la mano de los personajes bíblicos entramos en nosotros mismos y nos preguntamos: ¿qué quiere Dios de mí?; sí yo reconozco que la salvación del hombre se da hoy y ahora y que Dios actúa a través de los que llama a su servicio, entonces necesariamente me debo cuestionar sobre la invitación que Dios me hace a colaborar con la Obra de la Redención. Estamos acostumbrados a que Dios se fije en otros, admiramos el ejemplo maravilloso de los santos, pero cuando el drama de la vocación y del servicio tiene un nombre, el mío, me resisto, me hago para atrás. En ese momento la Palabra de Dios –más eficaz que espada de doble filo (Heb. 4,12)- me interpela y cuestiona a través del personaje del texto bíblico. Yo puedo ser ahora un Jonás, o puedo ser Lázaro que llevo tres días en el sepulcro, o puedo ser el mismísimo Tentador, cuando me convierto en piedra de escándalo para mis hermanos, o puedo ser el rico Epulón o el pobre Lázaro, o puedo ser Naaman el sirio con mi lepra a cuestas, resistiendo a obedecer al profeta Eliseo. Podría seguir nombrando a tantos hombres como mujeres que por su reacción y comportamiento me hablan de mi respuesta a la Gracia de Dios.

La cuaresma si la vivimos en todo su esplendor y enseñanza entonces lograremos llegar a la Pascua del Jesús como hombres verdaderamente renovados y habiendo tenido la compasión de Dios que borra mis pecados cada vez que me acerco al sacramento de la Penitencia.

MARÍA EN LA CUARESMA

Quisiera terminar mi carta por la Cuaresma, deteniéndome en María, la madre de Jesús, pues ella ocupa un lugar preferencial, si bien oculto, a lo largo de todo este tiempo litúrgico y que en el tiempo de la Pascua va a superar en evidencia el rol discreto que ocupó en la Cuaresma; efectivamente, María es la encargada de mantener la fe de los discípulos de su Hijo hasta la venida del Espíritu Santo (Hech. 1,14). Ella congrega en oración a los que fueron testigos de la pasión, muerte y resurrección, para que una vez traspasados por el fuego del Espíritu Consolador, puedan salir por todo el mundo a ser Testigos de cristo que vive en ellos.

María como modelo de la Iglesia nos plantea tres consideraciones:

1.- María acompaña a todos sus hijos de la misma forma que acompañó, escondida y silenciosamente, a su Hijo. Desde Belén a Nazaret en los años de vida oculta de Jesús, hasta en los años de vida pública en Jerusalén, Caná, etc. Lo acompaña especialmente en su recorrido al Gólgota, recibe desde la cruz la dimensión nueva de ser La Madre de los creyentes de su Hijo. En definitiva, la vida de María es una existencia de crecimiento, de peregrinación en la fe, en la esperanza y en el amor.

2.- María es modelo de la Iglesia fecunda que engendra nuevos hijos, los nutre y alimenta, los ayuda a crecer y a vivir con la llamada específica que Jesús, Esposo de la Iglesia, concede a cada uno de los creyentes. La Iglesia “copia” los sentimientos y las actitudes de María en relación a su maternidad y así, ella –la Iglesia- que nació del costado de Cristo muerto en la Cruz, sigue siendo sacramento universal de salvación. María siendo miembro preeminente de la Iglesia, marca el caminar de ella y la cuida y, sobre todo, cuida y protege a todos los hijos que hemos sido engendrados para la vida divina.

3.- María, en su vocación de Madre de la Iglesia, le ha sido confiado el ministerio de la intercesión y de la consolación. El título de refugio de los pecadores y consuelo de los afligidos, la sitúa en el delicadísimo encargo de ayudar a toda la Iglesia como a cada uno de sus miembros a la conversión de vida, hacia una auténtica reforma de la Iglesia y de sus hijos que deben tender siempre a lo genuino, a lo primigenio, a lo único que verdaderamente vale la pena. Jesús, a lo largo de su ministerio nos dijo claramente: “¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? (Mt. 16,26), “No pongan su corazón en las riquezas de este mundo”; y así podríamos recordar a modo de una cadencia musical la importancia de volver a centrar nuestra vida en lo que vale la pena.

Un Padre de la Iglesia –un gran teólogo- Andrés de Creta, compuso esta oración con la que termino mi carta:

Madre de Dios, esperanza y protección de quien te celebra,

Líbrame del grave peso de mi pecado y envuélveme Virgen soberana

En la transformación del arrepentimiento.

Purísima Reina, Madre de Dios, esperanza de quien viene a ti,

Puerto de navegantes en tempestuoso mar, sobre mí con tus plegarias invoca

El perdón del compasivo Creador e Hijo Tuyo.

 AMÉN.

Con mi paternal Bendición y deseándoles a todos los hermanos una renovada Cuaresma y una fecunda Pascua, unidos en la Oración.

+ Marco Antonio Cortez Lara

OBISPO DE TACNA Y MOQUEGUA

14 de febrero, miércoles de ceniza, inicio de la Cuaresma 2018.

Domingo 11 de Febrero del 2018

Domingo 11 de Febrero del 2018

JESÚS SANA PARA HACER SUYO EL DOLOR

<<Movido a compasión, extendió su mano>> (Marcos 1,40-45)

El Evangelio de hoy narra la experiencia salvífica de un encuentro arriesgado entre la enfermedad y la salud, el pecado y la misericordia, el excluido y próximo: “Se le acerca a Jesús, un leproso suplicándoles y, puesto de rodillas, le dice: ‘Si quieres, puedes limpiarme.’ Movido a compasión, extendió su mano, le tocó y le dijo: ‘Quiero, queda limpio.'”

Decimos ‘encuentro arriesgado’, porque quien sufría de lepra estaba marginado de la sociedad, él mismo debía tener una campana o gritar de tal manera que todos se dieran cuenta y puedan huir a tiempo para  evitar el contagio  por esta situación de exclusión era también una enfermedad de espíritu, quien osaba tocarlo era considerado ‘impuro’. En el Evangelio tanto el leproso como Jesucristo rompen las barreras del que dirán. El leproso se acerca y suplica de rodillas, confía en Jesucristo que por ser Dios es todopoderoso, pero sobre todo sabe que es misericordioso, él no lo botará; la certeza de que puede sanarlo le tiene ahí de rodillas con un ‘si quieres, puedes limpiarme’.

Fruto de la confianza es el abandonarse en las manos de Dios. Jesucristo no permanece indiferente ni se hace el encontradizo, extiende la mano, y le toca sin remos al contagio. Qué grande, qué consuelo, qué sanador, todo un Dios infinitamente santo y puro, tocando nuestra miseria, qué liberador el apretón de una mano amiga, de una sonrisa cordial; con pequeños gestos podemos ser instrumentos de Dios, basta arriesgar un poco y dejar de lado el falso respeto de uno mismo que llamamos: reputación.

Dios no quiere el dolor, tras la fuerza de su palabra y como fruto de este encuentro “al instante, desapareció la lepra y quedó limpio”. Pero tampoco quiere protagonismo: <<Mira, no digas nada a nadie.>> Jesucristo sana no para que le reconozcan, para ganar adeptos y ser famoso, ni siquiera para hacer notar su poder, sino porque es “movido a compasión”, no es lástima, sino ‘sufrir con’, es el afecto de una madre que abraza su niño que ve sufrir, es hacer suyo el dolor…

Si hemos entendido, pero sobre todo experimentado que Dios es amor, no podemos no amar, arriesguémonos sin miedo a la impopularidad. El leproso sanado “se puso a pregonar con entusiasmo y a  divulgar la noticia”, de excluido para a ser misionero entre su gente, aunque corra el riesgo de nuevamente ser excluido por su predicación, pero no le importa ya, la misericordia le ha sanado también de la lepra espiritual, del pecado que excluye, contagia y hace cómplice del mal. Acudamos con confianza al Señor, una vez sanados seamos instrumento de sanación para quienes nos encontramos en el camino de la vida, sin presumir de ser puros sino de haber experimentado el amor de Dios. Hoy es el día mundial de oración por los enfermos oremos por ellos.

+ Monseñor Marco Antonio Cortez Lara

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