lunes , junio 25 2018
Home / La Palabra del Pastor

La Palabra del Pastor

Domingo 13 de Mayo del 2018

Domingo 13 de Mayo del 2018

FIESTA DE LA ASCENSIÓN

“Ellos salieron a predicar… colaborando el Señor con ellos” (San Marcos 16,15-20)

Hoy en toda la Iglesia estamos celebrando la Ascensión del Señor en cuerpo y alma al cielo. Pero ¿como celebrar la partida de alguien a quien tanto amamos y cuya presencia nos hace falta? ¿Cómo llamar a este acontecimiento una fiesta?

En medio de esta paradoja, la respuesta es aún más sorprendente: hoy es una fiesta porque nuestro Señor yéndose se queda, tal como lo testimonia el evangelio que hoy meditamos: “El Señor Señor Jesús después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios”, pero también dice: “Ellos (los apóstoles) salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con los signos que la acompañaban”. Como vemos nuestro Salvador, aun yéndose visiblemente a nuestros ojos, se queda entre nosotros, prueba de su presencia es su actuar en nuestro favor, colabora, es decir labora, trabaja con nosotros, el que no le veamos no significa que no esté.

Es una fiesta porque el Señor introduce nuestra humanidad frágil a su gloria eterna, de esa manera regresamos a la armonía perfecta e inicial que teníamos con Dios, de la que por la misma fragilidad humana nos alejamos, pero que hoy Jesucristo habiéndonos redimido y sin renunciar a la corporalidad asciende al Padre, en él -de alguna manera- ya gozamos nosotros del futuro  que nos espera en cuerpo y alma.

Es una fiesta porque es el tiempo de la madures de la fe. No obstante nuestras fragilidades y limitaciones, bien conocidas por nuestro Dios, él confía en nosotros y nos encomienda su misión misma: “vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación”. Qué fortaleza saber que Dios confía en nosotros, que no nos descarta por nuestra poca fe. Nos invita a dar a conocer la buena noticia que es Él, darlo a conocer con la valentía y la confianza de que está siempre con nosotros aunque no lo veamos, muchos signos realizará confirmando a sus discípulos, nosotros anunciemos la palabra. El Señor nos ha enseñado, ahora nos toca a nosotros, pero siempre con Él.

En esta fiesta de la Ascensión, que nos habla de una partida presente y prodigiosa del Señor, encomendemos a todas las madres del mundo que nos acompañan en nuestro diarios caminar hacia Dios, y también a aquellas que no obstante ya partieron a la Casa del Padre, permanecen presente y junto a nosotros alentándonos a llegar a la meta. ¡Feliz día de la Ascensión del Señor! ¡Feliz Día de la Madre!

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 06 de Mayo del 2018

Domingo 06 de Mayo del 2018

“QUE MI ALEGRÍA ESTÉ EN USTEDES”

El evangelio de hoy es la continuación del texto evangélico del domingo pasado que nos invitaba a estar en intima unión con Dios, como lo está la rama a la vid. Hoy profundiza este punto resaltando el mandamiento del amor que tiene su fuente en el amor del Padre: “como el Padre me amó también yo les he amado”, por ello debemos permanecer en ese amor.

Permanecer significa que ya somo parte de este misterio de amor tan inmerecido, la tarea es no salirnos de ella, e la mejor forma de permanecer será a través de los mandamientos: “si guardan mis mandamientos permanecen en mi amor”, esto cambia la visión que tenemos de los mandamientos, en vez de verla como normas frías verlas ahora como expresión de un amor que quiere nuestro bien. Se trata de entrar en la lógica del amor del Padre al Hijo, la lógica de donar la vida como el pastor por sus ovejas. Ser parte de este amor y permanecer en el es estar unido a la vid que es Dios, fuente de vida que hace surgir alegría y gozo interior: “les he dicho esto para que mi gozo esté entre ustedes y ese gozo sea pleno”.

Dios con los mandamientos nos llama a la alegría nos hace ver que la base de todos ellos es el amor, por eso lo resume en: “ámense los unos a los otros como yo los he amado”, nadie tendrá mayor amor que él, pues él dio su vida y resucitó por nosotros. Permanecer en el Señor es de valientes, es afrontar las dificultades con la certeza de que Dios es fiel y fuente de alegría, bebamos de ella para llevarlo luego a la familia, a los amigos, al trabajo, etc.

Permanecer en su amor es también permanecer en su forma de amar: hasta dar la vida en cada detalle y lo cotidiano, con el esfuerzo y la exigencia que ella requiere; es hacer bien lo que me corresponde hacer, buscando el bien del otro. Quien no permanece en esta forma de amar se cierra en sí mismo y sus actos solo producen tristeza, miedo ¿quieres saber cuál es la dimensión de tu amor? cae en cuenta qué produce tu actitud a tu alrededor.

Practicar los mandamientos no nos hace siervos sino amigos: “lo que les mando es esto que se amen unos a otros” desde la gratitud con el que Dios nos ama, desde la generosidad de dar la vida minuto a minuto con la confianza de que es Dios quien nos ha elegido así como somos para qué permaneciendo en el amor amemos como Él. Ruega al Señor para que rompa las barreras que le pones y te dé la valentía de dejarte amar así como eres para amar al otro desde Dios.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 29 de Abril del 2018

Domingo 29 de Abril del 2018

“TÚ EN MÍ Y YO EN TI”

Te has preguntado ¿por qué me esfuerzo tanto y no logro nada o logro poco?, hoy el Señor te da la respuesta: “separados de mí no pueden hacer nada.” Así como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco ustedes si no permanecen en mí. Yo soy la vid; ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto” a mi modo no lanzamos a conducir nuestra vida a nuestro antojo con el pretexto de libertad. Al final decepciones, fracasos que terminan desanimándonos, desgajándonos del árbol de la vida, ramas secas por querer vivir sin la savia que nos alimenta y sostiene. “Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden”, pero con un fuego superficial que acaba pronto.

Dios, que sabe lo que es mejor para nosotros, nos pide: “Permanezcan en mi”, se trata de una actitud constante que no quiere decir estar rezando todo el día sino sobre todo en el de conformar nuestra vida acorde a las exigencias del evangelio, por ello requiere “escuchar”, para saber qué es lo mejor para cada momento, supone espacios y tiempos específicos de oración, de meditación de la palabra de Dios, de celebrar los sacramentos, con la finalidad de dar gloria a Dios “dando muchos frutos y siendo sus discípulos”. Esto no es una realidad acabada con un solo acto, es una tarea de cada día que solo no podemos, para dar fruto se tiene que estar unido al árbol, así, para ser discípulo se tiene que estar muy unido al Maestro, entonces nuestros frutos serán con sabor a Dios.

Permanecer habla también de perseverancia, de fidelidad, no obstante todo, aun lo poda, la purificación de lo que no sirve, para dar más y mejor fruto, no te sorprendas cuando procurando estar muy unido a Dios experimentas dificultades o dolor, confía es tiempo de poda, es el Padre el viñador y sabe lo que hace: “Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto”, pero estate también alerta, no vaya ser ello fruto de la desidia. Por último, hay una promesa: “si permanecer en mí -y no solo junto a él-, y mis palabras permanecen en ustedes -como savia vital-. Pidan lo que quieran y lo conseguirán”, nos dice el Señor. No permitas Señor que jamás me separe de ti, que por mis venas no corra el odio, el egoísmo, ni la ambición, sino tu amor misericordioso para dar frutos de bien.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 22 de Abril del 2018

Domingo 22 de Abril del 2018

“NADIE ME QUITA LA VIDA, YO LA DOY”

Hoy, Jesucristo se presenta a sí mismo no como un pastor bueno, sino como el Buen Pastor, dispuesto a dar la vida por nosotros, sus ovejas; esto no es rebajarnos a una categoría inferior, sino un hablar figurativamente, recordemos que de Jesucristo se dice también que es el Cordero de Dios. Entonces, nuestro Cordero es también nuestro Pastor, quizá por eso hay un vínculo tal que Jesús afirma: “Conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí”, este conocer va más allá de saber el nombre, conocer el rostro, etc., que puede quedar en lo superficial, expresa amistad, pertenencia, reciprocidad. Por dos veces Jesús exclama con decisión: “Yo doy mi vida por las ovejas”, y así lo hizo efectivamente la tarde del viernes santo, por eso es el Buen Pastor.

El simple hecho de tener ovejas no hace al pastor, no es el cargo o la responsabilidad asumida porque ya, lo hace que seamos pastores, Jesucristo lo deja claro: el asalariado (el que obra por un sueldo, por un beneficio y nada más) no es pastor,  las ovejas no le pertenecen, por eso cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, le interesa solo lo suyo, su bienestar aún a costa de quienes dependen de él. Con la familia, con los amigos, con los vecinos, con las diferentes personas y responsabilidades a nuestro cargo ¿actuamos como pastores o mercenarios? Al asalariado “no le importan nada las ovejas”. La indiferencia es una forma de matar lentamente, es dejar a “las ovejas” a su suerte.

Cuántos en nuestra sociedad son fruto de este abandono, del huir de nuestras responsabilidades. Entonces, llega el lobo “hace presa de las ovejas y las dispersa”. Mientras que Dios quiere la unidad, la dispersión es otro estrago que causa el lobo en un rebaño sin pastor, cada uno por su lado, expuestos a todo peligro. Si te das cuenta que en casa, en el trabajo, en el colegio, en la parroquia cada uno va por su lado, es signo de que hay que mejorar como pastores, pero también de que no estamos siendo buenas ‘ovejas’ del Señor, dóciles, atentos a su voz, a su ejemplo de libertad y donación: “Nadie me quita la vida yo la doy voluntariamente.”

La tarea no es fácil, por ello pide que el Señor te ayude a ser buena oveja y buen pastor. Roguemos que el Señor nos bendiga con buenos y santos pastores en la familias, en la sociedad, en la Iglesia. Especialmente hoy unámonos a la Jornada Mundial de oración por las vocaciones, caminemos juntos hacia el único rebaño cuyo único Pastor es el Señor.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 15 de Abril del 2018

Domingo 15 de Abril del 2018

MIREN, TOQUEN, COMAN

“Donde hay dos o más reunidos en mi nombre ahí estoy yo” dijo Jesús, y los primeros en constatarlo fueron los discípulos que tras la resurrección del Señor y sus diversas apariciones, se reúnen a compartir las  diferentes experiencias de la presencia del Señor en sus vida, entonces el Maestro, se presentó en medio de ellos y le dijo: “La paz con ustedes”. Los pobres discípulos, creyendo que era un fantasma se sobresaltan y asustan. “Pero él les dijo: ¿Por qué se asustan? ¿Por qué surgen dudas en su interior?”. ¿Qué respuesta le darías tú? Jesús para curar su miedo les pide: “Miren mis manos y mis pies; soy yo mismo”. Mirar las señales de la crucifixión, del trágico momento ya superado, es sanador pues el que vieron morir está ahora delante de ellos glorioso, triunfante, pidiendo ser saludado con cariño, como a quien volvió de un largo viaje: “Tóquenme y dense cuenta que un fantasma no tiene carne y huesos como ven que yo tengo.”

Nuestro Salvador es real, no invención teórica, ni historia del pasado, es de carne y hueso como nosotros. “Como no acaban de creérselo a causa de la alegría y el asombro, les dijo: <¿Tienen aquí algo de comer?”, para curar la duda come con sus discípulos, en cada Eucaristía hacemos especial experiencia de Jesús resucitado, experimentamos su presencia viva, lo miramos, lo tocamos, lo comemos. Nosotros le ofrecemos “un trozo de pescado asado”, lo que tenemos, el fruto del trabajo cotidiano, que Jesucristo lo recibe con agrado “lo tomó y comió delante de ellos”. Entra en nuestra vida concreta, comparte tu día con sus preocupaciones y alegrías, no quedó reducido a la hora dominical, sino que recibió de ella la luz que ilumina toda la semana, con su palabra nos abre la inteligencia -cerrada a veces por las experiencias dolorosas-, y nos ayuda a entender lo que hizo por nosotros: “el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día”, conoce la debilidad, lo ha experimentado, y ha vencido, es nos da esperanza de vencer con él toda duda, temor, cobardía.

Una vez experimentado su presencia salvadora, nos pide darlo a conocer, invitar a la conversión empezando desde casa.  El cambio de vida es la mejor predicación, lo que da fuerza a nuestra palabra y su fruto es la paz. Esto es celebrar la Pascua, pasar de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad, del pecado a la santidad, contando con la presencia continua del Señor, a quien decimos: ábreme Señor la inteligencia del corazón, ya que sé mucho, pero poco cala en mi vida, que te experimente cercano y hable de ti a los míos.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 08 de abril del 2018

Domingo 08 de abril del 2018

MI SEÑOR, MI DIOS

Nos encontramos en el segundo Domingo de Pascua, domingo en el que se celebra al Señor de la Divina Misericordia, que no es otro que Nuestro Señor Jesucristo, crucificado y Resucitado, que se manifiesta siempre infinitamente misericordioso, con nuestra incredulidad, fragilidad y miseria. En efecto, luego de aparecerse muy temprano a la Magdalena y haberla consolado. Ahora “al atardecer” se pareció a los discípulos que estaban con las “puertas cerradas con miedo a los judíos”, se presentó en medio de ellos y les da el primer fruto de su resurrección: “La paz con ustedes”. Luego les mostró las manos y el costado, no para reprocharles o pedir cuenta, sino para decirles: Soy el mismo que vieron morir, pero he vencido a la muerte.

Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor, pero no estaba Tomás, llamado el mellizo y cuando llegó le dijeron contentos: “hemos visto al Señor”. Pero para él esta noticia era demasiado buena para ser verdad, se resiste a creer, se aísla, condiciona su fe: <Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré>. Y en algo tiene razón, sino experimentamos en primera persona la presencia de Dios, su acción en nuestras vidas, difícilmente caeremos rendidos a sus pies.

“Ocho días después”,  Dios infinitamente paciente se hace cercano a Tomás y le tiende las manos, no le juzga sino mas bien le anima: “No seas incrédulo, sino creyente”, entonces el incrédulo, hace un acto de fe tan grande que jamás haya hecho alguien hasta entonces: “Señor mío y Dios mío”, lo reconoce como Dios, como “su Dios y su Señor”, aquel que le da razón a su existir, no obstante la experiencia dolorosa de saberse pecador, sabe que puede fiarse de él, confiar en él, porque su misericordia es eterna.

Tomás, era llamado el “mellizo” aunque no se dice de quien, quizá tuyo y mío que compartimos con él el duro camino de la fe, pero que guarda una promesa: “Dichosos los que crean sin haber visto”, entre ellos estamos nosotros, alegrémonos y a la vez roguemos al Señor que abra nuestros corazones cerrados por tantos miedos, miedo al compromiso, al que dirán. Pídele que tu Espíritu Santo te renueve, te colme de su paz, y te capacite para el perdón, que no es fácil, por eso dile con fe: ¡Jesús en Ti confío!

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 25 de Marzo del 2018

Domingo 25 de Marzo del 2018

TODO ESTA CUMPLIDO

Iniciamos hoy la gran Semana Santa, y lo hacemos acompañando a Jesús desde su entrada triunfal a Jerusalén, más conocida como Domingo de Ramos,Jesús entra cabalgando un pequeños burrito, un pollino, signo de poder, entra triunfante, aclamado el rey cuya corona será de espinas, cuyo cetro será una caña y su silla real una cruz. Entra decidido a llevar al culmen todo lo que fiera necesario por amor nuestro, por nuestra salvación.

Será una semana muy cargada, llena de acontecimientos que el evangelio de San Marcos ya nos los presenta hoy en su relato,meditando atentamente nos encontraremos con quienes traman arrestarlo y darle muerte, acudir a la mentira para ello no es problema; recibe agradecido, como anticipo de su sepultura la unción que una mujer valiente le ofrece en Betania, aunque otros critiquen este detalle.Nos encontraremos con Judas que traiciona y vende a su Maestro por treinta monedas, con la intolerancia de los sumos sacerdotes, fariseo que no saben ya como deshacerse de él. No obstante a ello, Jesucristo sigue dando muestras de su amor por nosotros, celebra son los suyos la cena pascual, donde nos ofrece el pan como su cuerpo el vino como su sangre. Mientras otros traman su muerte, él sella la nueva y eterna alianza con toda la humanidad por quienes ofrece su vida. Mas, los convidados parecen no haber entendido mucho o nada, lo acompañan a orar pero apenas vienen a tomarlo preso huyen despavoridos, ¿dónde quedó el: yo no te abandonaré nunca de Pedro?, se lo recordará el canto del gallo cuando ya tres veces haya negado conocer a su Maestro. Arrestado, condenado a partir de testimonios falsos, hecho el hazme reír de los soldados que lo disfrazan de rey, vendándole los ojos le golpeaban y quieren que adivine quien le pegó, como si no lo supiera él que todo lo ve y penetra nuestras conciencias…

Preferido el asesino y terrorista Barrabás por la turba impetuosa, el inocente carga con la cruz de nuestros pecados, en silencio con paso firme, lentamente avanza, cae, se levanta… por ti, por mi… llega a la cruz exhausto, le tiran el traje rasgado y bañado de sangre para crucificar y exponer a la vergüenza su cuerpo santo, levantado en alto puede ver la ciudad, la gente… si fuéramos nosotros diríamos me lo pagarán… pero de sus labios resecos, sale una súplica que el solo oírla es para llorar: “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen”, ofrece el reino de los cielos al ladrón arrepentido, con la paz de haber cumplido todo entrega al Padre su último aliento.

Al iniciar esta Semana Santa, ubiquémonos en cada escenario, no seamos simples espectadores, vivamos con Jesús su pasión, con cual de todos ellos me identifico, ¿dónde estoy yo, mientras el Señor está dando su vida por mí?

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 18 de Marzo del 2018

Domingo 18 de Marzo del 2018

QUEREMOS VER A JESÚS

(Juan 12,20-33)

El Evangelio de este día parte como una súplica sorprendente: <Señor, queremos ver a Jesús.> sorprende porque estos buscadores de Dios no son judíos sino griegos, se dirigen a Felipe, quien a su vez se lo comenta a Andrés y ambos discípulos van a decírselo a Jesús. Qué bueno contar siempre con amigo sincero, que puede orientarte y juntos dirigirse al Señor y presentar sus necesidades, qué bueno ser para los demás orientación y guía desde el testimonio de un encuentro con el Señor que ha cambiado nuestras vidas.

Pero el Maestro no recibe a estos griegos con un “Bienvenidos”, sino revelándoles las exigencias que trae el seguirle: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto”. Es decir, les invita a salir de sí mismos y donarse al servicio de los demás aunque esto aparente una pérdida o mala inversión. Hay que morir para vivir, pero si la semilla, si el grano de trigo se negara a descomponerse por no querer perder su apariencia, ella misma estaría trazando su final: “El que ama su vida la pierde”, dice el Señor; naturalmente no es menospreciar la vida que tenemos, sino amarla ordenadamente, haciendo de nuestro vivir un vivir para Dios y para los demás, no para nuestros intereses mezquinos que nos aíslan, que nos hace quedar solos en aparente ventaja frente a los demás pero que a la larga sólo nos destruye.

El Señor nos pide seguir su ejemplo de donación hasta el extremos “Si alguno me sirve, que siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.”, este es nuestro premio. Y para que todo esto no quede en teoría, el Señor, aun con el alma turbada, dolida, pues siendo Dios es también humano como nosotros, asume “su hora” hasta las últimas consecuencias, y lo hace por ti y por mí. De este modo, elevado en la cruz, nos atrae  hacia Él.

Correspondamos a su amor con el corazón orientado hacia Él, de tal manera que podamos indicar a los demás el camino que conduce hacia Él; y si nos falta fuerzas, supliquemos con humildad: atráeme a ti Señor Jesús, mis pasos se van fuera de ti,mis ojos se fascinan con la efímera belleza de las cosas. Atráeme a ti, hazme volver, quiero verte.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 11 de Marzo del 2018

Domingo 11 de Marzo del 2018

DOMINGO DE LAETARE

“El que obra la verdad, va a la luz” (Juan 3,14-21)

El evangelio de hoy nos presenta la razón fundamental de nuestra esperanza: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”, y ésta es la causa de nuestra alegría, por eso a este cuarto Domingo de Cuaresma se le llama Domingo de Laetare, de la Alegría.

Pero en nuestro mundo lleno de tristezas y desconfianzas, donde en la práctica se rechaza incluso a Dios y su enseñanza, ¿vale hablar todavía de alegría?, Sí, porque lo esencial del cristianismo no está en que uno ame a Dios  sino en que solos amados por él, y nos ama al punto de entregarnos a su Hijo, qué donación de amor más grande que ni mira el dolos, Jesucristo va a la Cruz por amor y nos salva por excelencia de su amor no obstante la sangre, su corazón sigue diciendo “he venido para salvar el mundo y no para juzgarlo”.

Por eso el evangelio nos invita a levantar la mirada y encontrar en él nuestra salud, nuestra felicidad (no sinónimo de ausencia de problemas), buscarla sólo aquí en las realidades terrenas sin afinar la mirada de fe nos “roba la esperanza”; en Jesucristo encontramos el antídoto a tantas situaciones y experiencias que envenena nuestra vida y nos quitan la paz, como los israelitas que mordidos por las serpientes se curaban al mirar la serpiente de bronce que hiciera Moisés por mandato divino, para que “todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”. Cuando aparentemente no hay nada que esperar, levantando la mirada se puede encontrar otras salidas en Dios.

El amor de Dios es siempre fiel, continúa amando al mundo, continua amándote aunque lo rechaces. ¿Quieres levantar la mirada, quieres corresponder a su amor gratuito? Recuerda: “El que cree en él, no es juzgado”. “El juicio está en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”. Lógicamente “quien obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.”

Estamos ya a más de la mitad de la Cuaresma, la alegría de celebrar los misterios de nuestra salvación está próxima, acércate hermano(a) a la luz: Jesucristo, Él puede limpiarte de todo tipo de veneno que te hace sufrir, abandona las tinieblas del mal en Dios una nueva alternativa, Dios Padre ha dado a su Hijo para que tú no perezcas.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 04 de Marzo del 2018

Domingo 04 de Marzo del 2018

QUITEN ESTO DE AQUÍ

Jesús sube al Templo, a la casa de Dios, pero -con gran sorpresa- la encuentra hecha un mercado, los vendedores gritan y ofrecen animales para el sacrificio, los cambistas están sentados, bien alojados; todo parece una armonía perfecta, a nadie le cuestiona esta situación, se acostumbraron a ver así al Templo; pero para Jesús que ve el fondo del alma, esto revela toda una contradicción con la verdadera expresión de la fe, por ello hace un látigo con las cuerdas y echa a todos fuera del templo , con voz firme dice: “quiten esto de aquí, no hagan de la casa de mi Padre un mercado.”

Con esto nos invita a superar la religiosidad vista como mercado, en el que uno da para recibir algo a cambio, no tanto basado en el amor sino en lo que se hace exteriormente sin adhesión del corazón, de la vida al mensaje de Dios.

Llegando incluso a mesclar la expresión de la fe con acciones que la contradicen bajo el pretexto de “así es mi fe, déjennos celebrar así”, terminando en peleas y problemas. Jesús nos invita hoy a fijarnos en lo esencial y purificar  las expresiones de nuestra fe, lógicamente esto será el reflejo de una purificación interior.

Cada uno somos “templo de Dios”, ¿es también un “mercado” nuestro interior, donde hay de todo y se consciente todo? Si Jesús te dijera “quita esto de aquí, de tu vida” ¿que sería aquello que deberías quitar primero? ¿Hay en tu vida realidades, pensamientos, sentimientos intenciones que van carcomiéndote por dentro, qué merecerían aquellas palabras fuertes de Jesús? Tu relación con Dios ¿es una relación mercantil: Señor te ofrezco esto pero a cambio tú dame lo que te pido…? Sin duda será más fácil señalar a otros  y lo que debe cambiar, pero veamos nuestro propio templo, teniendo en cuenta que puede entrar en ruina si no es verdaderamente casa de oración.

Frente al actuar purificador de Jesús muchos reclamaron su proceder y la autoridad con el que actúa así: “¿Qué signo nos muestras para obrar así?” Jesús respondió: “Destruyan este santuario y en tres días lo levantaré”, habla del santuario de su cuerpo, que será ofrecido en la cruz y glorificado en su resurrección, él es nuestra salvación, no ha liberado para ser libres, a él llegamos con el arrepentimiento y el servicio.

El Evangelio termina dejando constancia que Jesús: “conocía lo que hay en el hombre”. El Señor sabe cómo somos, esto es nuestra esperanza y confianza, pues conoce nuestros temores y fragilidades, por eso dejémonos corregir por él para hacer de nuestra vida un culto agradable a Dios, acudamos a él como hijos y no como deudores.

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Domingo 25 de Febrero del 2018

Domingo 25 de Febrero del 2018

AGUDICEMOS EL OÍDO

<<Tras las nubes se oye una voz>> (San Marcos 9,2-10)

En este segundo domingo de cuaresma el evangelio nos narra el acontecimiento de la transfiguración de nuestro Señor Jesucristo, cuyos testigos fueron los apóstoles Santiago, Juan y Pedro a quienes el Señor mismo escogió para tal evento magnífico así como luego para acompañarlo en la noche de su agonía, que será todo un contraste.

Hoy el ambiente es de fiesta, hasta el traje de Jesús se “volvieron resplandecientes, muy blancos, ninguno en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo” la presencia del Padres se hace evidente con aquella voz que oyen:

“Este es mi Hijo amado, escuchadle.” En cambio, en  la terrible noche del jueves santo el ambiente es de la agonía, sus trajes bañados del sudor de sangre y la presencia del Padre parece ausente, tanto que hasta por tres veces suplicará lo mismo…

Con estas dos realidades, tanto a los apóstoles como a nosotros el Señor nos educa para la cruz, pues ambas experiencias guardan estrecha relación: en la Transfiguración, Jesús aparece hablando con Moisés y Elías de sus Pasión y Muerte.

El camino de la gloria pasa por la cruz. Vencer sin luchar, ganar sin esfuerzo, es la tentación actual, lo deslumbrante nos cautiva, la apariencia nos preocupa y juzgamos según ella sin profundizar en su contenido, somos como Pedro que asombrado dice a Jesús: “Maestro, qué bueno es estar aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”; realmente “no sabía qué responder ya que estaban atemorizados”. Sin lugar a duda el temor ciega, y nos hace decir y obrar cosas sin sentido, entonces nos cubre una nube como a los apóstoles, y desesperamos al no ver con claridad la salida de una u otra situación que nos abruma y preocupa, nos sentimos hundir y ni siquiera recordamos los momentos en el que el Señor nos sostuvo. Pero tras las nubes, se oye una voz: “Este es mi Hijo amado, escúchenlo. Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos”. De esto se trata, confiar que tras las nubes está la Luz: Jesucristo, que nos dice: yo llevo la cruz por ti, y ella no tienen la última palabra, pero es el paso para la gloria, para la resurrección, para la dicha de la Pascua.

El eje de este paso decisivo está en el “escuchar al Señor”, frente a un: Dios no me escucha, con que nos dejamos, está la constante voz del Señor que dice: Escúchame hijo(a).

En este tiempo de Cuaresma agudicemos el oído para escuchar al Señor, conocer su voluntad, amarla y cumplirla, no en vano nos dice el salmo: ojalá escuches hoy la voz del Señor, y no endurezcas el corazón (Salmo 94).

+ Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Mensaje con Motivo de la Cuaresma 2018

Mensaje con Motivo de la Cuaresma 2018

MENSAJE CON MOTIVO DE LA CUARESMA 2018

“RECUERDA, SEÑOR, QUE TU TERNURA Y TU MISERICORDIA SON ETERNAS”

(Sal. 24, 6)

Queridos hermanos y hermanas:

Demos gracias a Dios, rico en misericordia, que nos permite prepararnos a la Pascua de su Hijo, Redentor del hombre, recorriendo nuestra propia historia de la salvación, inspirados en la Cuaresma como tiempo y espacio decisivos para un “reencuentro” con Cristo, quién nos ofrece su perdón y nos invita a la reconciliación con Dios, con los hermanos y con la creación, expresión de su amor y omnipotencia.

Podemos afirmar, por tanto, qué llegado este tiempo, los cristianos somos invitados a vivir la Santa Cuaresma con disposición renovada, diferente, más profunda en relación a los años anteriores, pues, con la ayuda divina, año tras año, podemos profundizar en la inteligencia del misterio de nuestra salvación que este tiempo nos ofrece. El mensaje de conversión siempre es nuevo e infinito como para pensar que ya lo hemos agotado, comprendido y hecho nuestro; pues si fuera así, la Iglesia, no nos invitaría todos los años a pasar por este tiempo de conversión.Entonces, si el Señor nos ofrece su amistad y su perdón –mensaje central de la Cuaresma-, cada uno debe iniciar este volver a Dios con un corazón contrito y humilde como nos dice el Salmo 50. Se entiende ahora, porqué desde el primer día de la Cuaresma la Iglesia nos dice qué: “Si hoy escuchas su voz no endurezcas tu corazón” (Sal. 94,8)

La Santa Cuaresma culmina y se transforma en la Pascua de Cristo, porque ambas forman un todo, una sola estructura compuesta por noventa días que se inicia con el signo penitencial de la imposición de las cenizas y culmina con el envío del Espíritu Santo, donde por la fuerza del Paráclito nacerá la Iglesia. La Cuaresma tiene su propia temática en orden a la celebración de la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte. La Pascua nos hace vivir en plenitud la Gracia otorgada por Cristo que se ha inmolado en la Cruz por nuestros pecados y ha salido victorioso de la tumba. Los acontecimientos salvíficos que implican estos dos tiempos de la liturgia cristiana nos abre las puertas a una conversión interior que nos permite transformarnos en criaturas renovadas. San Pablo le llama a este misterio obrado por Jesucristo: “El hombre nuevo” (II Cor. 5,17). De este modo cada año que iniciamos el camino cuaresmal hacia la Pascua, lo hacemos de un modo distinto pues nuestra respuesta no es siempre la misma.

¿A QUÉ NOS LLEVA LA CUARESMA?

Como decíamos, la Cuaresma nos conduce a vivir la Pascua del Señor con la ayuda de tres momentos y estos son:

  1. Morir al pecado y a las seducciones del mundo que nos reduce a ser mundanos, despersonalizados, con el riesgo de olvidarnos de nuestra misma esencia de cristianos.
  2. Identificarnos con Cristo, pasando por su Pasión y Cruz a la gloria de la resurrección, y así celebrar con Jesucristo que vive eternamente el nacimiento a la vida nueva.
  3. Vivir como discípulo del Resucitado anunciando la Buena noticia de la salvación con el testimonio de una vida que ha sido elevada a la condición de Hijo de Dios por el Hijo.

Podemos ahora entender mejor la importancia que tiene para la comunidad cristiana el vivir con responsabilidad y madurez de fe los cuarenta días de este tiempo litúrgico que evocan los cuarenta días de ayuno del Señor en el desierto, los cuarenta días del diluvio, los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto camino a la tierra prometida, y los cuarenta días en que Jonás predicó la penitencia en Nínive. Esto nos habla de un itinerario cuaresmal, se convierte en un signo sagrado, a través del cual Dios nos habla, nos invita a la purificación del corazón, a recorrer nuestro propio desierto donde afrontaremos la tentación del maligno que nos quiere inducir a ser idólatras a tener una vida totalmente alejada de Dios. El Santo Padre Francisco en su Mensaje para la Cuaresma de este año nos dice que:

“Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, signo sacramental de nuestra conversión, que anuncia y realiza la posibilidad de volver a Dios con todo el corazón y con toda la vida”

Francisco habla de que la Cuaresma es un “signo sacramental” de nuestra conversión, se dispone a ser un signo de lo sagrado, un “sacramento del tiempo”. Así lo reza la oración colecta del primer Domingo de Cuaresma:

“Dios todopoderoso, por medio de las prácticas anuales del sacramento cuaresmal concédenos progresar en el conocimiento de Cristo, y conseguir sus frutos con una conducta digna”

He aquí una propuesta de la Santa Madre Iglesia hecha súplica que me permite reflexionar con Ustedes, mis queridos hermanos y hermanas, cómo debemos concretar nuestro caminar para este año que Dios nos regala. En primer lugar, nos habla de las prácticas cuaresmales, ¿cuáles son éstas?  Es el trinomio: Oración, Limosna y Ayuno que el texto evangélico de Mateo nos recuerda que Jesús enseñó a sus discípulos: “Cuándo hagas limosna (…), cuándo ores (…), cuando ayunes; hazlo con sinceridad de corazón y no cómo los hipócritas” (Mt. 6,1 y ss). La familia cristiana está llamada a reflexionar, personal y comunitariamente, sobre esta invitación que nos hace el Maestro y la advertencia para que sea grata a Dios. El Papa Francisco nos explica el modo de vivir estas prácticas evangélicas:

“El Hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo de Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida. El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia (…) El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre” (Mensaje por la Cuaresma 2018).

Invito a que cada uno de nosotros apliquemos y concretemos lo que nos dice el Papa; pues todos podemos sacar propósitos concretos, por ejemplo:

ORACIÓN

¿Cómo podemos mejorar en la calidad e intensidad de nuestra vida de oración? ¿Nos contentamos con los rezos que hacemos de manera rutinaria y monótona? ¿Nos justificamos con mucha facilidad de qué no tenemos tiempo para hablar con Dios –que eso es la Oración-¿Tengo poco contacto con la Palabra de Dios, o no la medito; me resisto a qué Dios me hable por medio de la Sagrada Escritura por miedo a reconocerme de verdad cómo soy? ¿Llevo a la oración mis hermanos, intercedo por ellos ante Jesús, o sólo me limito a pedirle favores para mí?

AYUNO Y PENITENCIA

Con respecto al ayuno y a la penitencia como expiación de nuestros pecados y desagravio por las ofensas que cometemos a Dios cada vez que ofendemos a los hermanos y degradamos su dignidad de personas y de hijos de Dios cuando los utilizamos como simples objetos de la cultura actual del descarte;¿aceptamos a través de esta práctica la lucha contra nuestros defectos y apetitos desordenados que nos inducen a ser personas egoístas y caprichosas? El trabajo personal y colectivo por ser personas y miembros de una sociedad: civil y eclesial, que refleja la calidad de sus integrantes, nos invita a tener dominio de nosotros mismos, apelando a la responsabilidad personal y que, obviamente, no se reduce a la abstinencia de alimentos, sino que tiene que ser llevado a un contexto mucho más amplio y trascendental, como sería el ayuno del hombre viejo. El ayuno del pecado. La renuncia a los propios diseños de vida para abrazar el Plan salvífico que Cristo nos ofrece.

Por ello preguntémonos: ¿sí soy capaz de privarme de un plato de comida, pero no de privarme de mis rencores, de mis odios, de mis deseos de venganza, de mis tiempos que no los comparto con los demás, de mis gustos personales, los cuales no los antepongo a las necesidades de mis hermanos, verdaderamente ese es el ayuno que Dios me pide?

La renovación interior debe estar acompañada por una austeridad exterior, expresión de nuestro desprendimiento interior. La “muerte al pecado” se puede enfrentar con pequeños sacrificios de cada instante, el Señor no nos pide, de ordinario, grandes sacrificios y desprendimientos, al contrario, lo que el Señor Jesús nos pide es que luchemos por ser responsables en nuestras obligaciones, en ser puntuales, en luchar contra la pereza, en luchar contra la mediocridad que se expresa de muchas formas: a veces haciendo las cosas mala manera, otras esperando que nos estimulen con halagos o regalos, de lo contrario difícilmente haremos algo con visión sobrenatural. Curiosamente, el que no quiere renunciar a nada, por ser feliz y hacer feliz a los demás, se escandaliza con facilidad de qué la Iglesia siga proponiendo a sus hijos este tipo de prácticas para una auténtica conversión de vida.

Me atrevo a decir, que lo que más estorba hoy en día a un sano recogimiento y dominio de uno mismo, es el miedo al sacrificio, a renunciar a algo, o a uno mismo, por eso nos llenamos de propuestas efímeras y de palabrería. Termino este punto señalando que de muchas maneras podemos vivir el ayuno y la abstinencia, siempre y cuando valoremos la radicalidad de porque vivo esta ascesis en mi vida, y la respuesta válida y consistente será para que Cristo viva en mí y yo viva dispuesto a vivir por mis hermanos.

LA LIMOSNA

Por último, consideremos la práctica cristiana de la limosna. El Libro de Tobías dice:

“Da limosna de tus bienes, y no apartes tu rostro de ningún pobre; así conseguirás que tampoco de ti se aparte el rostro del Señor. Usa de misericordia con todas tus fuerzas. Si tienes mucho, da con abundancia; si poco, procura dar de buena gana aun lo poco; pues con eso te atesoras una gran recompensa para el día de la angustia. Porque la limosna libra de todo pecado y de la muerte. (Tob. 4, 7-12).

He aquí una invitación maravillosa para ser solidarios con los hermanos necesitados. En primer lugar, el Señor nos pide que vivamos la solidaridad con el necesitado lo cual siempre será actual y vigente; en segundo lugar la práctica de la limosna no se reduce en dar dinero o un plato de comida, sino principalmente, en salir de nosotros mismos para ir al encuentro del que me necesita de tan variadas formas, asistiéndolo en sus necesidades materiales y espirituales. Por otra parte, si la mendicidad en la calle nos provoca normalmente desconfianza, no por ello estamos justificados al cien por ciento, porque puede ser un escape a nuestra falta de generosidad y calificar a todos como unos timadores. Por ello, debemos plantearnos seriamente nuestra propia aportación a las acciones de servicio en favor de los necesitados, a través de las distintas entidades de caridad y solidaridad.

En nuestra Diócesis, por ejemplo, llevamos varios años empeñados en sacar adelante el Centro de Terapia para niños y adolescentes con habilidades mentales distintas, en la actualidad se atiende aproximadamente a más de cien niños; Dios mediante se iniciará la construcción de los edificios del Centro de Terapia. Pero no sólo eso, pues también la Diócesis se ha propuesto emprender el proyecto del Centro de Intermediación Laboral para personas adultas con discapacidad tronco inferior, no obstante, gozan de facultades para manejarse y poder obtener un oficio que les ayude a sostenerse y sostener a su familia. Por otra parte, la Caritas Diocesana, está abocada a manifestar la caridad de todos los cristianos en sus diversas actividades que ella fomenta e impulsa, como por ejemplo con los hermanos de la tercera edad, etc. Asimismo, urge impulsar en todas las parroquias el “Banco de Alimentos” con el cual la comunidad parroquial debería estar atendiendo a los más necesitados de su parroquia.

Como se observa por lo dicho, nuestro compromiso en este ámbito nos abre múltiples posibilidades. Quisiera hablar de una de ellas; yo la llamo “La Limosna de nuestro Tiempo”. Si con facilidad nos engañamos con el argumento de que no puedo aportar dinero al necesitado o a ciertas obras de misericordia porque yo también tengo gastos y a las justas me alcanza; pues es mayor nuestro engaño cuando se trata de dar, de “regalar nuestro tiempo”. ¡Qué difícil se nos hace!, ahí nos damos cuenta lo mezquinos que podemos ser y lo mucho que nos cuesta involucrarnos en la vida de los demás por temor a ser rechazados o incomprendidos. El Santo Padre Francisco en su visita que nos regaló a nuestro país nos dio un impresionante testimonio de dar la “limosna del tiempo”. Cuando llegó a nuestro país era evidente su cansancio, su agotamiento, más cuando se dirigía a la Nunciatura y en la medida que iba notando miles de personas que le saludaban y salían a su encuentro, el Papa se olvidó de su cansancio físico y se volcó y dio su tiempo, es decir: se dio el mismo. Eso es lo que nos pide Jesús y el Santo Padre, me atrevo a decir que lo ha aprendido del Maestro; Jesús, nos dicen los Evangelios, se cansaba, más cuando veía a la gente sentía compasión de ellas y comenzaba a enseñarles, a curarlas, porque estaban como ovejas sin pastor (Mt. 9,36).

Queridos hermanos y hermanas, convencido estoy que el cristiano, la cristiana superará su temor a entregarse, su egoísmo camuflado en cansancios y justificaciones tontas, en la medida que se deje transformar por el amor de Cristo y cargar con la Cruz que el Señor le ofrece sin remilgos, sin contemplaciones. Que dados estamos para compadecernos de nosotros mismos y que duros somos para tener compasión del hermano que nos necesita.

SUGERENCIAS PARA VIVIR MEJOR ESTE TIEMPO

Así como en los primeros inicios de la Iglesia, los catecúmenos eran preparados con esmero para la recepción del sacramento del Bautismo en la noche solemne de la Vigilia Pascual, del mismo modo ahora, nosotros los bautizados y miembros de la Iglesia, tenemos que hacer de la Cuaresma un tiempo de gracia y conversión permanentes. La Cuaresma nos recuerda que siempre el cristiano es un catecúmeno, es decir un iniciado, un fiel que no se considera un “cristiano adulto”, engreído, al contrario, apela a su condición de iniciado de “niño recién nacido para apetecer “la leche espiritual pura” (I Ped. 2,1). Sólo así vivimos la Cuaresma –tiempo de conversión, de cambio de mentalidad- para llegar a la Pascua con la confianza de que Cristo nos ha liberado del pecado. Convertirse significa dejarse mirar y salvar por Cristo.

El camino de la conversión propuesto para todos los creyentes consiste en vivir tres dimensiones de la vida evangélica y del discipulado.

  1. Vivir un camino de Fe que responda a las exigencias actuales

A veces, muchos hermanos y hermanas dan la impresión de que su crecimiento como personas y cristianos no ha sido armónico; me explico, cronológicamente han crecido, somáticamente también, pero en la fe se ha dado el fenómeno del “infantilismo espiritual”, son como “niñitos”, cristianos que no han crecido en su fe, pueden tener 20, 30 50, o 60 años, pero siguen siendo unos infantes en su fe, ésta no los sostiene en su vida diaria, aún más la han abandonado y se han convertido en críticos y disidentes de la fe y de la Iglesia. Ellos critican, cuestionan y denuncian los llamados “pecados de la Iglesia, los pecados de los “curas”, están a favor del aborto, no están de acuerdo de que la Iglesia no apruebe las uniones del mismo sexo, y así tantos reproches más que les lleva a alejarse de la fe y de la Iglesia. Considero que es un problema de nuestro tiempo, que lejos de escandalizarnos nos tiene que llevar a “dar razón de nuestra esperanza a quien nos los pida” como nos aconseja San Pedro (I Ped. 3,15)

Estos hermanos, lejos de criticarlos hay que acercarlos a esta Iglesia que es comparada por el Papa Francisco como un “hospital de campaña”, la Iglesia Madre, la Iglesia Maestra en la Fe, pero sobre todo la Iglesia Madre de Misericordia y juntos caminar, no por separados, asumiendo que la Iglesia, como familia, tiene tantos hijos y tan diversos que nos obliga a ayudarnos unos a otros. Digámosle a esos hermanos que su fe no los sostiene: “¿Y tú crees que yo estoy a favor de lo que tú denuncias? Seamos claros y transparentes comprendamos al pecador no justifiquemos el pecado. Debemos esforzarnos por ser auténticos cristianos siendo sostenidos por la Fe, para responder con el testimonio de vida a los retos y desafíos de este mundo que nos ha tocado vivir. La dimensión bautismal, es decir, vivir siempre en un catecumenado permanente, nos lleva a ser humildes servidores y atentos a escuchar lo que el señor nos pide.

Que en esta Cuaresma lleguemos a proponernos metas muy concretas de compromiso cristiano, que salgamos al frente de los desafíos que plantea hoy la Nueva Evangelización a los discípulos de Jesús; pero por ninguna razón excluirnos de ser cristianos auténticos y testigos veraces del Señor Resucitado.

      2.Vivir en una actitud permanente de escuchar la Palabra de Dios.

Un camino de fe tiene que tener siempre una referencia a la Palabra Divina que, en este caso, es la que la Liturgia cuaresmal ha preparado, tantos para los días de feria como para los cinco domingos de Cuaresma, y que nosotros la escuchamos y recibimos como creyentes, como iniciados, como si fuera la primera vez que entramos en contacto con aquellos textos sagrados. La cuidadosa selección de textos para este tiempo de renovación interior expresa con claridad la pedagogía de la Iglesia, cuya respuesta nuestra sería la de un mayor compromiso que nos lleve a una lectura personal diaria de los textos que han sido proclamados o, también, iniciar la rica experiencia de hacer en familia la Lectio Divina, por ejemplo, con los personajes bíblicos de la Cuaresma. San Gregorio Magno (590-604) solía afirmar que Dios dirige a su Iglesia con su Palabra y con el ejemplo de los santos.

Los personajes que presentan las lecturas de las Misas, sea diaria como dominical, aparecen como ejemplos de una enseñanza que se quiere transmitir, porque el mensaje que ofrece la Palabra de Dios tiene fuerza para transformar una vida, una sociedad, una cultura. Los personajes bíblicos en los ciclos de catequesis catecumenales de la Iglesia primitiva se centran, por ejemplo, en la Samaritana, el Ciego de nacimiento, Lázaro, etc. Un personaje bíblico ayuda a entrar en la trama entre la voluntad de Dios y la voluntad del hombre, en su encuentro o desencuentro, en el cambio de mentalidad y de comportamiento que exige la Palabra de Dios; piénsese en el profeta Jonás, o en Moisés, que es elegido para sacar al pueblo de Israel de una esclavitud que duró cuatrocientos años.

De la mano de los personajes bíblicos entramos en nosotros mismos y nos preguntamos: ¿qué quiere Dios de mí?; sí yo reconozco que la salvación del hombre se da hoy y ahora y que Dios actúa a través de los que llama a su servicio, entonces necesariamente me debo cuestionar sobre la invitación que Dios me hace a colaborar con la Obra de la Redención. Estamos acostumbrados a que Dios se fije en otros, admiramos el ejemplo maravilloso de los santos, pero cuando el drama de la vocación y del servicio tiene un nombre, el mío, me resisto, me hago para atrás. En ese momento la Palabra de Dios –más eficaz que espada de doble filo (Heb. 4,12)- me interpela y cuestiona a través del personaje del texto bíblico. Yo puedo ser ahora un Jonás, o puedo ser Lázaro que llevo tres días en el sepulcro, o puedo ser el mismísimo Tentador, cuando me convierto en piedra de escándalo para mis hermanos, o puedo ser el rico Epulón o el pobre Lázaro, o puedo ser Naaman el sirio con mi lepra a cuestas, resistiendo a obedecer al profeta Eliseo. Podría seguir nombrando a tantos hombres como mujeres que por su reacción y comportamiento me hablan de mi respuesta a la Gracia de Dios.

La cuaresma si la vivimos en todo su esplendor y enseñanza entonces lograremos llegar a la Pascua del Jesús como hombres verdaderamente renovados y habiendo tenido la compasión de Dios que borra mis pecados cada vez que me acerco al sacramento de la Penitencia.

MARÍA EN LA CUARESMA

Quisiera terminar mi carta por la Cuaresma, deteniéndome en María, la madre de Jesús, pues ella ocupa un lugar preferencial, si bien oculto, a lo largo de todo este tiempo litúrgico y que en el tiempo de la Pascua va a superar en evidencia el rol discreto que ocupó en la Cuaresma; efectivamente, María es la encargada de mantener la fe de los discípulos de su Hijo hasta la venida del Espíritu Santo (Hech. 1,14). Ella congrega en oración a los que fueron testigos de la pasión, muerte y resurrección, para que una vez traspasados por el fuego del Espíritu Consolador, puedan salir por todo el mundo a ser Testigos de cristo que vive en ellos.

María como modelo de la Iglesia nos plantea tres consideraciones:

1.- María acompaña a todos sus hijos de la misma forma que acompañó, escondida y silenciosamente, a su Hijo. Desde Belén a Nazaret en los años de vida oculta de Jesús, hasta en los años de vida pública en Jerusalén, Caná, etc. Lo acompaña especialmente en su recorrido al Gólgota, recibe desde la cruz la dimensión nueva de ser La Madre de los creyentes de su Hijo. En definitiva, la vida de María es una existencia de crecimiento, de peregrinación en la fe, en la esperanza y en el amor.

2.- María es modelo de la Iglesia fecunda que engendra nuevos hijos, los nutre y alimenta, los ayuda a crecer y a vivir con la llamada específica que Jesús, Esposo de la Iglesia, concede a cada uno de los creyentes. La Iglesia “copia” los sentimientos y las actitudes de María en relación a su maternidad y así, ella –la Iglesia- que nació del costado de Cristo muerto en la Cruz, sigue siendo sacramento universal de salvación. María siendo miembro preeminente de la Iglesia, marca el caminar de ella y la cuida y, sobre todo, cuida y protege a todos los hijos que hemos sido engendrados para la vida divina.

3.- María, en su vocación de Madre de la Iglesia, le ha sido confiado el ministerio de la intercesión y de la consolación. El título de refugio de los pecadores y consuelo de los afligidos, la sitúa en el delicadísimo encargo de ayudar a toda la Iglesia como a cada uno de sus miembros a la conversión de vida, hacia una auténtica reforma de la Iglesia y de sus hijos que deben tender siempre a lo genuino, a lo primigenio, a lo único que verdaderamente vale la pena. Jesús, a lo largo de su ministerio nos dijo claramente: “¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? (Mt. 16,26), “No pongan su corazón en las riquezas de este mundo”; y así podríamos recordar a modo de una cadencia musical la importancia de volver a centrar nuestra vida en lo que vale la pena.

Un Padre de la Iglesia –un gran teólogo- Andrés de Creta, compuso esta oración con la que termino mi carta:

Madre de Dios, esperanza y protección de quien te celebra,

Líbrame del grave peso de mi pecado y envuélveme Virgen soberana

En la transformación del arrepentimiento.

Purísima Reina, Madre de Dios, esperanza de quien viene a ti,

Puerto de navegantes en tempestuoso mar, sobre mí con tus plegarias invoca

El perdón del compasivo Creador e Hijo Tuyo.

 AMÉN.

Con mi paternal Bendición y deseándoles a todos los hermanos una renovada Cuaresma y una fecunda Pascua, unidos en la Oración.

+ Marco Antonio Cortez Lara

OBISPO DE TACNA Y MOQUEGUA

14 de febrero, miércoles de ceniza, inicio de la Cuaresma 2018.

Domingo 11 de Febrero del 2018

Domingo 11 de Febrero del 2018

JESÚS SANA PARA HACER SUYO EL DOLOR

<<Movido a compasión, extendió su mano>> (Marcos 1,40-45)

El Evangelio de hoy narra la experiencia salvífica de un encuentro arriesgado entre la enfermedad y la salud, el pecado y la misericordia, el excluido y próximo: “Se le acerca a Jesús, un leproso suplicándoles y, puesto de rodillas, le dice: ‘Si quieres, puedes limpiarme.’ Movido a compasión, extendió su mano, le tocó y le dijo: ‘Quiero, queda limpio.'”

Decimos ‘encuentro arriesgado’, porque quien sufría de lepra estaba marginado de la sociedad, él mismo debía tener una campana o gritar de tal manera que todos se dieran cuenta y puedan huir a tiempo para  evitar el contagio  por esta situación de exclusión era también una enfermedad de espíritu, quien osaba tocarlo era considerado ‘impuro’. En el Evangelio tanto el leproso como Jesucristo rompen las barreras del que dirán. El leproso se acerca y suplica de rodillas, confía en Jesucristo que por ser Dios es todopoderoso, pero sobre todo sabe que es misericordioso, él no lo botará; la certeza de que puede sanarlo le tiene ahí de rodillas con un ‘si quieres, puedes limpiarme’.

Fruto de la confianza es el abandonarse en las manos de Dios. Jesucristo no permanece indiferente ni se hace el encontradizo, extiende la mano, y le toca sin remos al contagio. Qué grande, qué consuelo, qué sanador, todo un Dios infinitamente santo y puro, tocando nuestra miseria, qué liberador el apretón de una mano amiga, de una sonrisa cordial; con pequeños gestos podemos ser instrumentos de Dios, basta arriesgar un poco y dejar de lado el falso respeto de uno mismo que llamamos: reputación.

Dios no quiere el dolor, tras la fuerza de su palabra y como fruto de este encuentro “al instante, desapareció la lepra y quedó limpio”. Pero tampoco quiere protagonismo: <<Mira, no digas nada a nadie.>> Jesucristo sana no para que le reconozcan, para ganar adeptos y ser famoso, ni siquiera para hacer notar su poder, sino porque es “movido a compasión”, no es lástima, sino ‘sufrir con’, es el afecto de una madre que abraza su niño que ve sufrir, es hacer suyo el dolor…

Si hemos entendido, pero sobre todo experimentado que Dios es amor, no podemos no amar, arriesguémonos sin miedo a la impopularidad. El leproso sanado “se puso a pregonar con entusiasmo y a  divulgar la noticia”, de excluido para a ser misionero entre su gente, aunque corra el riesgo de nuevamente ser excluido por su predicación, pero no le importa ya, la misericordia le ha sanado también de la lepra espiritual, del pecado que excluye, contagia y hace cómplice del mal. Acudamos con confianza al Señor, una vez sanados seamos instrumento de sanación para quienes nos encontramos en el camino de la vida, sin presumir de ser puros sino de haber experimentado el amor de Dios. Hoy es el día mundial de oración por los enfermos oremos por ellos.

+ Monseñor Marco Antonio Cortez Lara

Facebook