sábado , agosto 17 2019
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Nuestro Ideal Diocesano

NUESTRO IDEAL DIOCESANO

El pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Tacna y Moquegua: Obispo, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos son una Iglesia organizada en comunidad de comunidades, dinámica, viva, toda ministerial, evangelizada y evangelizadora; que ha alcanzado la santidad personal y comunitaria, transformando con la fuerza del evangelio la cultura de la sociedad, acrecentando por la unidad el reino de Dios para la salvación universal.

«75 Años con Cristo sembrando vida y esperanza»

Lema del año 2019

META 2019

“Para fines del 2019 como Diócesis de Tacna y Moquegua hemos agradecido a Dios por los 75 años de nuestra iglesia diocesana y los 25 años del PRED,  por medio de un año jubilar en el cual nos comprometemos a dinamizar nuestro plan pastoral;  escuchando, proponiendo, celebrando y asumiendo  los nuevos retos de la evangelización, para que nuestra iglesia diocesana sea una comunidad que ame y sirva a Dios y a los demás.”

OBJETIVOS  DIOCESANOS  2019

  • Trabajar una pastoral organizada y participativa para construir una iglesia dinámica y en comunión.
  • Generar procesos de evangelización que nos lleven a descubrir y valorar que somos discípulos misioneros de Jesucristo.
  • Renunciar a la actitud de comodidad e instalación en la acción pastoral que lleve a forjar una iglesia dinámica,  que responda a los nuevos retos.
  • Despertar una sincera conversión pastoral que nos lleve a renovar nuestra actitud frente a los procesos de evangelización.
  • Ayudar a discernir el llamado a las vocaciones específicas para suscitar el compromiso en el servicio.
  • Fortalecer por medio de la religiosidad popular el encuentro con Dios vivo que nos lleve a vivir nuestro compromiso bautismal.

 JUSTIFICACIÓN

Situación problemática

En nuestro caminar como Diócesis de Tacna y Moquegua seguimos avanzando en fortalecer nuestra fe; pero seguimos experimentando dificultades en nuestra acción pastoral, tales como: el cansancio, la falta de motivación, la rutina, el conformismo, el desinterés e indiferencia a nivel de agentes pastorales y comunidad en general; tales actitudes no ayudan a seguir creando estructuras básicas de los niveles de pastoral, o a fortalecerlos e integrarlos en una pastoral comunitaria. Se manifiesta concretamente en la falta de compromiso.

Desafíos pastorales

  1. Si continúa la falta de compromiso en los agentes pastorales y comunidad, no será posible trabajar en una pastoral participativa, organizada y comunitaria; porque nuestra acción pastoral debe favorecer a ser una iglesia servidora y misionera que vive la fraternidad y la comunión.
  2. Si continuamos no haciendo procesos de evangelización, no será posible que el pueblo de Dios descubra el llamado a ser discípulo misionero; porque la pastoral promueve una iglesia misionera, una iglesia en salida.
  3. Si continúa en los agentes pastorales la actitud de buscar la comodidad e instalación; del “siempre se ha hecho así”, no será posible forjar una iglesia dinámica en movimiento; porque la acción pastoral debe ser creativa e innovadora que debe llevar al encuentro con el otro.
  4. Si continuamos cerrados a la acción del Espíritu Santo que constantemente nos invita a una conversión pastoral, no será posible poder responder a las necesidades del pueblo de Dios.
  5. Si continua dándose una formación que no ayuda a discernir el llamado a una vocación específica al pueblo de Dios, no será posible suscitar en ellos el compromiso; porque la acción pastoral debe llevar siempre al servicio.
  6. Si continuamos con una religiosidad popular que no lleva a un encuentro personal y relación con Dios, no será posible que ellos descubran que están llamados a dar testimonio de su fe; porque la pastoral debe suscitar un mayor compromiso bautismal.

El Señor nos ilumina con su Palabra:

El Año Jubilar ha sido instituido en efecto para consolidar la fe, favorecer las obras de solidaridad y la comunión fraterna en el seno de la Iglesia y en la sociedad, para recordar e invitar a los creyentes a una profesión de fe más sincera y coherente en Cristo, el único Salvador.

En el Nuevo Testamento Jesús en la Sinagoga de Nazaret proclama el Año de Gracia del Señor: «Llegó a Nazaret, donde se había criado, y, según acostumbraba, fue el sábado a la Sinagoga. Cuando se levantó para hacer la lectura, le pasaron el libro del profeta Isaías, desenrolló el libro y halló el pasaje donde está escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para traer la buena nueva a los pobres, para anunciar a los cautivos su libertad y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor (Cf. Is 61, 1-2). Jesús, entonces, enrolla el libro, lo devuelve al ayudante y se sienta. Y todos los presentes tenían los ojos fijos en él. Empezó a decirles: «Hoy se cumplen estas profecías que acaban de escuchar» (Lc. 4, 18-19).

¿Cómo será el espíritu del jubileo que viviremos como Iglesia diocesana?

Como comunidad diocesana podemos vivir este jubileo en todos los niveles de pastoral, en cuatro momentos durante el año; ejercitarnos en la capacidad (destrezas, habilidades que tal vez no tenemos) de:

Escucha: Fomentar la actitud de escucha entre todos; saber escuchar al pueblo de Dios y al mismo Dios.

Discernimiento: Aprender a interpretar y analizar, cuáles son las necesidades del pueblo de Dios; y cómo Dios quiere que respondamos a ello desde nuestra fe.

Celebrar: “Será un año de gracia” celebraremos nuestra conversión de vida, manifestado en la propia vida, en la comunidad en nuestros espacios de la liturgia, de los sacramentos, sobre todo practicando la caridad, la justicia y la misericordia.

Compromiso: Consiste que a partir de las necesidades que hemos percibido, propongamos acciones que hagan nuestra pastoral más efectiva, siendo una iglesia misionera “en salida”.

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