martes , abril 23 2019
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Reflexión Dominical del Obispo: Bajó con ellos y se detuvo

<<Bajó con ellos y se detuvo>>

(San Lucas 6,17.20-26)

Seguramente muchos de nosotros hemos dicho, siquiera una vez: ¿Quién como tú?, `feliz de ti’, escondiendo en el fondo cierta envidia por la suerte del otros. Hoy Jesús en el evangelio llama ‘feliz’ a un grupo de personas que según la comprensión actual no tendrían un porqué ser catalogados de esa manera en medio de tantas desgracias y sufrimientos.

La lógica de Dios es diversa a la nuestra, y es preciso que desde sus ojos miremos cuanto sucede. Providencialmente, en medio de nuestro dolor por tanta situación triste que estamos viviendo, el Señor sale a nuestro encuentro, prácticamente a consolarnos, a sostener nuestra esperanza, a darnos oportunidad de sonreír. Para ello, nos dirige su mensaje no desde una observación ajena o distante, sino desde el compartir nuestra suerte y todo lo que le viene.: “Bajó con ellos y se detuvo en un paraje llano” donde muchos de diferentes pueblos aguardaban por él, el Señor desciende, se hace próximo, se detiene en nuestro camino difícil. Entonces “alzando los ojos hacia sus discípulos”, desde una óptica diferente a nuestro pesimismo, nos dice: <<Bienaventurados los pobres, porque el Reino de Dios es para ustedes. Bienaventurados los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Bienaventurados los que lloran ahora, porque reirán. Bienaventurados serán cuando los hombres los odien, los excluyan de su compañía y los injurien y aun rechacen su nombre como infame por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque en el cielo tienen reservado un gran premio>>.

Seguramente te dices ¿cómo es posible ser feliz en tales condiciones, si más bien parecen injusticias?, para comprenderlas es preciso entender que la felicidad no está en el tener, en el saciarse y darse a los mejores manjares, en el gozar momentáneo, en la fama, en el buen apellido; en efecto dice Jesús de estos: “Ay de ustedes ricos, porque ya han recibido su consolación. Ay de ustedes que ahora son saciados, porque tendrán hambre. Ay de ustedes que ahora ríen, porque estarán en el dolor y llorarán. Ay cuando todos los hombres hablen bien de ustedes. Del mismo modo, actuaron sus padres con los falsos profetas”. Jesús se lamenta de este tipo de personas porque sintiéndose recompensados no esperan nada de Dios… ya lo tienen todo.

La felicidad de un cristiano, radica en la certeza de que Dios está con nosotros en medio de toda circunstancia, y aunque ‘no lo sienta’, ‘no lo vea’, sé que está aquí y me fío de él. Todos de alguna manera somos pobres, hambrientos y es bueno reconocernos así. Queridos hermanos, miremos el mundo con los lentes de Dios, sostengámonos mutuamente en la esperanza. En medio de nuestra pobreza descubramos el gozo de dar.

+Mons. Marco Antonio Cortez Lara 

Obispo de Tacna y Moquegua

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