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REFLEXIÓN DOMINICAL DEL OBISPO: “ECHEN LAS REDES PARA PESCAR”

“ECHEN LAS REDES PARA PESCAR”

En estos días tan difíciles que estamos viviendo nos sale al encuentro y nos invita a ‘no tirar la toalla’.

Su lugar de predicación ahora es la calle, en medio de la gente que se agolpa a escucharlos; en el lugar de trabajo, donde abunda el cansancio y hasta la decepción de no haber lograda nada, de haber “remado en vano” como Pedro y sus colegas pescadores. Todos de una u otra forma hemos tenido y tenemos esta experiencia de fracaso, es ahí donde Jesucristo se hace presente, y como a Simón (Pedro) nos pide prestado la barca que está varado a la orilla, le ruega (no le obliga) que “se aleje un poco de tierra” donde las olas rompen, y “sentado enseña desde la barca a la muchedumbre”. Simón (Pedro), que seguramente ya habría escuchado de él, hizo lo que le pidió, pero sigue en sus labores, ha sido un mal día como ‘para escuchar sermones’, desilusionados lavan las redes vacías, ya es mediodía, todo esfuerzo será inútil.

Cuando Jesús acabó de hablar, dijo a Simón: <<rema mar adentro, y echen las redes para pescar.>> Simón, viejo pescador e hijo de pescadores, desde su experiencia y conocimiento de mar responde: <<Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero por tu palabra, echaré las redes.>> Se fía de Jesucristo, de su palabra, abdica a su experiencia, a la lógica, abaja su orgullo, se arriesga a la burla y pone toda su confianza en el Maestro: ‘en tu palabra echaré las redes, porque tú lo dices’; pone su pasado cansado, su presente fallido, su futuro incierto, en manos de un Carpintero.

“Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vivieran en su ayuda. Se llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.” Pedro y los demás se dan cuenta que este prodigio no es fruto de su fuerza, su arte o experiencia, ni de los medios e instrumentos, sino del recomenzar y trabajar confiados en Alguien para quien nada es imposible, nada es inútil, aunque nosotros lo consideremos, y no consideremos así.

Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: <<Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador>>, ‘soy inútil’, ‘no sirvo para nada’, diríamos nosotros   a raíz de tantos fracasos, errores y pecados. Sin embargo nada nos acerca más a Dios que el reconocimiento de nuestra miseria, nosotros vemos lo que somos pero Dios mira lo que podemos ser con Él, y nos dice como a Simón: <<No temas. Desde ahora serás pescador de hombres>>, así como te he rescatado del mar de tus miedos y fracasos, así tú también debes hacerlo con los demás que sin esperanza quieren ‘tirar la toalla’. El Señor llena de sentido nuestras vidas, no nos rindamos aunque hay dificultades.  Al final “Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, siguieron.” Dejando de lado intereses particulares, démonos la mano unos a otros como los discípulos , así no se hundirá nuestra barca. No somos solo conciudadanos, sino hermanos. Echemos las redes a pescar.

+Mons. Marco Antonio Cortez Lara

Obispo de Tacna y Moquegua

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