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Especial de Adviento

El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, empieza el domingo más próximo al 3 de diciembre y termina el 24 de diciembre. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.

El término “Adviento” viene del latín Adventus, que significa venida, llegada. El color usado en la liturgia de la Iglesia durante este tiempo es el morado. Con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico en la Iglesia.

El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

  • Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.
  • Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la “presencia de Jesucristo” en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.
  • Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la “majestad de su gloria”. Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creído en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

Signos navideños

Nacimiento o pesebre

El pesebre fue creación de Francisco de Asís, alrededor del año 1100. Pertenece al género de los auto-sacramentales, esas representaciones evangélicas que sirven para instruir en la devoción y en la fe.

De allí que es interesante explicar el significado de cada figura a fin de evangelizar en la familia principalmente que se reúne y entre los fieles en general.

Por supuesto que la figura excluyente es el Mesías que puso su morada entre nosotros.

Luego María y José, sus papás virginales que nos acompañan en la contemplación del Enviado del Padre.

Los Ángeles (Lc. 2, 9), mensajeros de Dios para los miembros del Pueblo Elegido, que conocían la revelación y las promesas, prefigurados en los pastores (Lc. 22, 15).

También los astros del universo se conmueven y se acercan atraídos instintivamente por el Rey y Señor de todo, y una estrella (Mt. 2, 10), simple instrumento natural, sirve para indicar a los magos de oriente, encargados de escrutar los astros, el nacimiento de un ser excepcional que colmará sus expectativas de salvación.

A tal punto que, después de adorarlo en la gruta de Belén, y ofrecerle incienso como a Dios, oro como a Rey, y mirra como a hombre mortal que nos salvará con su pasión, cambian sus caminos por el encuentro con el Mesías esperado (Mt. 2, 15 ss.)

Por último, el burrito y el buey. Responden a la cita de Isaías 1, 3, donde el Profeta dice que el buey conoce a su amo, y el burrito a aquel que le da de comer, pero que el Pueblo de Dios no conoce a su Señor.

Queda como mensaje que, así como el burrito y el buey, seres sin inteligencia, conocen a sus dueños y a quienes los alimentan, nosotros también conozcamos a Aquél que es nuestro Dios y Señor, nuestro amo que tiene Providencia sobre nosotros.

Árbol

La historia del popular árbol de Navidad. Los antiguos pueblos nórdicos europeos tenían la costumbre de adornar ciertos árboles de hojas perennes durante los últimos días de diciembre, durante el invierno, cuando toda la naturaleza parece muerta y fría. Su verde perenne era símbolo de la inmortalidad. Al convertirse al Cristianismo, los primeros cristianos, que eran muchas veces provenientes de la cultura pagana, conservaron la tradición, pero cambiaron totalmente el significado, refiriéndolo a Cristo como “Nuevo árbol de Jesé (Is. 11, 1-3).

Corona de Adviento

Otro símbolo de la antigua Europa, y una hermosa costumbre (que afortunadamente se está recuperando mucho en América) es la corona de Adviento. Ésta nos ayuda a hacer un seguimiento más intenso del tiempo de los cuatro domingos anteriores a la Navidad. A medida que vamos prendiendo las velas, vamos preparándonos para recibir a Nuestro Señor. En cada domingo podemos hacer participar a toda la familia, preparando una pequeña liturgia, haciendo énfasis en un aspecto particular del tiempo de Adviento.

Símbolos de la corona de adviento

La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida. Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas: Nos hacen pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo. Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.

Las manzanas rojas que adornan la corona: Representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

El listón rojo: Representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

Guía para el encendido de velas

PRIMERA VELA
La luz de la esperanza

*Guía: Encendemos esta vela acrecentado nuestra esperanza en la llegada del reino de Dios, y nos predisponemos a ser sus constructores.

*Oración: Señor, luz de las naciones, tu venida nos anuncia un reino de justicia, de verdad, de solidaridad. Que no nos dejemos robar la esperanza por las contrariedades de la vida y construyamos tu reino de amor. Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. / R. Amén.

*Padrenuestro, Avemaría y Gloria

SEGUNDA VELA
Preparando su llegada – Invitación a la Conversión

*Guía: Esta vela ilumina los terrenos donde va a nacer el Salvador. Y para que llegue a todos allanamos los caminos, generamos puentes y así el fuego de su amor dará vida al mundo.

*Oración: Señor, vienes por los caminos de esta vida y quieres mentes abiertas, corazones llenos de amor. Queremos prepararnos para recibirte sin que haya obstáculos entre nosotros que impidan la amistad y la fraternidad; sin que haya obstáculos para que te reconozcamos en los más pobres y necesitados. Ven, Señor, te esperamos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. / R. Amén.

*Padrenuestro, Avemaría y Gloria

TERCERA VELA
Preparando su llegada con alegre esperanza

*Guía: La alegría es una luz para el alma y para quienes están a nuestro lado. Esa alegría es la esperanza que trae Jesús al nacer entre nosotros. Al encender esta vela recuperamos la alegría en la casa, en la escuela, en nuestro lugar de trabajo.

*Oración: Tu próximo nacimiento, Señor, nos da la alegría de aquellos que regresan a su propia casa. Contigo somos una familia nueva, una iglesia y una sociedad de hermanos: por eso no permitas que la tristeza nos agobie. Que se alejen de nosotros los males que nos tren desolación: el hambre, la drogadicción, el alcoholismo, la desocupación, el analfabetismo, el alejamiento de Dios. Ven a alegrarnos con tu presencia, porque vives y reinas eternamente. /R. Amén

*Padrenuestro, Avemaría y Gloria

CUARTA VELA
La disponibilidad de María

*Guía: La Madre del Señor cambio rotundamente sus planes de vida para seguir todo lo que Dios le pedía. Así aprendemos de ella a estar disponibles para realizar en la propia vida lo que el señor nos pide. Este es el modo de hacer que el evangelio nazca en todos los ambientes de la vida humana.

*Oración: Señor, tu Madre es modelo de fe y cumplimiento de la voluntad del Padre. Como ella, nosotros estamos dispuestos a hacer tu voluntad y extender el Reino, para que nazcas en todos los hogares de nuestra patria. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. /R. Amén.

*Padrenuestro, Avemaría y Gloria

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